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RECUERDOS (Final)

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Recuerdos (FINAL)


-          ¿No le regalará una flor a esta bella mujer?

            No tuvo muchas opciones, le dio las monedas necesarias y le regaló un jazmín blanco que del ramo escogió; y allí surgió la primera sonrisa, primero sonrió Fabián por la picardía del niño y luego acompañó ella por la picardía del hombre. Ese minúsculo gesto mágicamente había borrado la tristeza y sin saberlo conscientemente tenían por primera vez tras de la operación, el primer buen recuerdo propio, el primero desde que llevaban esta peculiar conjunción de memorias propias y cuerpos ajenos.

Pero el dolor de Alejandro en esos momentos era tan profundo que aquel gesto le hizo sentirse completamente sucio. Hacia escasos minutos que el recuerdo de sus muertes, la de Celia y la suya propia, le habían caído como un caldero de aceite hirviendo en el corazón y en la memoria. Y ahora, se sentía totalmente fuera de lugar sonriéndole y regalándole flores a aquella desconocida en aquel lugar sagrado, en aquel rincón del parque dónde él, muchos años atrás, había besado por primera vez a Celia.

Tras un momento, su sonrisa se torció en un gesto doloroso e intentando ser lo más amable posible, se disculpó de aquella mujer que lo había consolado sin ningún tipo de preguntas ni interrogantes.

Comenzó a llover de forma suave, mientras se marchaba, se giró por un momento para ver por última vez a aquella mujer. Las primeras gotas de lluvia y la oscuridad que comenzaba a enseñorearse del lugar, no le permitieron ver las lágrimas que corrían por sus mejillas. El se paró un instante, algo en su interior le decía que no debía marcharse, un sexto sentido le marcaba en esos momentos que su nuevo lugar en la vida era aquella mujer, pero no… él no debía estar allí, no se merecía estar allí, él no había pedido eso, él había decidido morir con Celia y nadie tenía el derecho de darle una segunda oportunidad. Lentamente, reemprendió su camino, y arrastrando los pies, se dirigió hacia la playa.

Celia lo miró alejarse, su corazón y su mente hervían en esos momentos por motivos que no podía comprender. Cuando lo abrazó para consolarlo sintió por un momento que amaba a aquel hombre. Fue algo muy extraño para ella, su olor, sus gestos, su llanto… era como volver a abrazar a Alejandro de nuevo. Y se sorprendió cuando tras una primera sonrisa, a él le cambió completamente el rostro y se marchó, dejándola allí totalmente confusa en aquel banco. Aquel banco en el que había sentido sus labios por primera vez. Comenzó a llover, él desapareció bajo la oscuridad de la arboleda y ella, lloró y gritó todo lo que pudo lamentándose de lo que le estaba sucediendo. Decidió que no podía seguir así, que no quería esa segunda oportunidad que no había pedido. Se secó las lágrimas y con decisión, siguió los pasos de Alejandro hasta la playa.

La suave lluvia se convirtió poco a poco en tormenta. Alejandro la miró sin decir nada cuando ella se sentó a su lado, justo al borde de las olas, que poco a poco comenzaban a comerse la playa. Los dos sabían que tenían motivos para estar allí, y ninguno quiso romper esa intimidad. Simplemente se acompañaron en ese momento, dos desconocidos con unas mismas necesidades. Celia se acurrucó junto a Alejandro, él pasó su brazo protector sobre sus hombros…

Y el mar… decidió su destino de nuevo.

 

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RECUERDOS (8ª parte)

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– Recuerdos – (8ª parte)

 

-Estoy buscando a Celia…

            Ella se sorprende mucho ante esta inesperada situación, estudia con atención el rostro de ese hombre que pregunta por ella intentando recordarlo, pero desiste pronto porque sabe que nunca ha visto esa cara antes. Y ahora, de cara al mundo, debe de actuar de un modo consecuente con su nuevo cuerpo. Incluso por un momento, pasa por su mente que ese hombre forme parte del equipo médico y que tan solo este allí para evaluarla de un modo velado.

-Lo siento, esta tienda ya no pertenece a Celia.- Le contesta con el rostro bajo.

-¿Y sabe dónde puedo encontrarla? –Le pregunta él notablemente afectado.

- Lo siento mucho… Celia… murió hace unos meses… -Le contesta mientras cierra la puerta, para que ese hombre no vea las lágrimas que comienzan a brotar de sus ojos.

Esas duras palabras llegan a Fabián acompañadas de una imagen impactante. De repente recuerda ese último momento. El rostro de Celia sonriéndole con ternura mientras que las olas comienzan a hacer imposible el continuar respirando. Su cuerpo se estremece al revivir ese instante de nuevo.

………………….

            Fabián se da la vuelta y tristemente con las manos en sus bolsillos camina hacia ningún lugar concreto. Parecía que toda su esperanza de que la muerte de Celia fuera solo un mal sueño estaba derrotada. No sabe qué hacer, ni que sentir. El había decidido interrumpir su vida porque no podía concebir una vida si la mujer que le había hecho amar como nunca, la que lo amaba como nadie; el tomó esa decisión aquel día junto al mar cuando Celia decidió no ver mas como el cáncer ganaba la batalla y ahora sucedía lo contrarío, vivía de nuevo pero sin Celia, eso no era lo planeado.

            Se sienta en el banco de la plaza que le traía tantos recuerdos a esperar que pase el tiempo, que avancen las horas; descansa su energías y piensa que todo debe quedar en manos del destino, hace un esfuerzo para no pensar en su amor aunque sea tan solo un momento, pero baja la vista, ve las tablitas del banco y piensa en todos los besos que se habían colado por allí, recuerda las utopías y los millones de sueños que quedaron sin cumplir. Abraza sus rodillas y oculta su rostro entre las piernas, desahuciado comienza a llorar.

            Los farolitos de la plaza comenzaban a encenderse, las parejas de enamorados caminaban por los floreados senderos decorando el paisaje, y como Blanca otras personas también optan por regresar a pie luego de trabajar y así tomar aire fresco antes de llegar a casa. Blanca había pasado su día entero sin abrir el local y sin poder salir de allí, pero el anochecer le recordaba mas y mas la soledad, así que decidió despabilarse un poco y terminó en la plaza.  Y como Fabián, también comenzó a ver recuerdos en aquel lugar, se sintió atraída al centro de la plaza donde una gran fuente derrama agua y depositaba miles de deseos en forma de monedas. Y fue ahí, frente a los angelitos que expulsaban agua, que notó un precioso banco en el que casualmente estaba el hombre que hacía un rato golpeaba la puerta de la bijouteríe. El lloraba de forma tan desconsolada que Blanca sintió que debía hacer algo y con sus suaves manos le tocó el hombro y acompañó el movimiento con un ¿por qué lloras? La pregunta fue respondida con un abrazo desmedido, aquella mujer que hace un rato le cerraba la puerta ahora le brindaba consuelo. Era una desconocida que se disponía a consolarlo, una perfecta extraña que curiosamente sentía conocer de toda la vida.

            Por prolongado tiempo se mantuvieron en una unión silenciosa, él quería contrale todo lo que le sucedía, explicarle la confusión de recuerdos, pero temió que ella no entendiese y lo tomara por loco, sabía que era un tanto insólita la tristeza que lo abordaba y prefirió callar evitando de todas formas la posibilidad de que Blanca se marchara. Blanca a su vez, lo miraba con ojos brillosos, aquel hombre vulnerable le atraía, pero ella tampoco podía olvidar sus preocupaciones y angustias entonces todo se mezclaba, tenía muchas ganas de hablar, de contarle que sentía tener recuerdos de otra mujer, pero él no estaba en condiciones de ayudar o de escuchar y por eso ella decidió callar, se mantuvo firmemente en el banco, pues lo que más quería en ese momento era a un amigo, no le gustaba estar sola. La noche comenzaba a disimular las lágrimas, y un niño se acercó vendiendo flores, miró a Fabián y mientras le mostraba un ramo le dijo:

-          ¿No le regalará una flor a esta bella mujer?

            No tuvo muchas opciones, le dio las monedas necesarias y le regaló un jazmín blanco que del ramo escogió; y allí surgió la primera sonrisa, primero sonrió Fabián por la picardía del niño y luego acompañó ella por la picardía del hombre. Ese minúsculo gesto mágicamente había borrado la tristeza y sin saberlo conscientemente tenían por primera vez luego de la operación, el primer buen recuerdo propio, el primero desde que llevaban esta peculiar conjunción de memorias propias y cuerpos ajenos.

 

RECUERDOS - (5º PARTE)

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Recuerdos (5º parte)

 

Con cuatro o cinco llamadas telefónicas, se despacharon los trámites legales y en menos de una hora, los bisturís comenzaron con el trasvase de recuerdos. Las operaciones fueron largas y costosas, durante más de once horas los cirujanos seccionaron, cauterizaron, unieron y recompusieron cientos de venas y terminaciones nerviosas. Todo parecía haber salido bien, ahora solo cabía esperar unos días para comprobar los resultados.

Tras las operaciones, Paul, que era el jefe del equipo médico, se sentó en su despacho para rellenar los informes médicos sobre las intervenciones y ahora, con más calma, releyó las fichas de los dos donantes y las circunstancias de sus muertes en el informe policial. El donante A, era una mujer de veintiséis años, el donante B, era un hombre a punto de cumplir los veintiocho. Al parecer los dos habían muerto ahogados al subir la marea, pero según los datos aportados, aquello no parecía accidental, más bien parecía un suicidio planeado por los dos. Nadie muere en una playa sorprendido por la marea y mucho menos, dos personas al mismo tiempo.

Paul, mientras cerraba el informe, pensó que quizás habían cometido un grave error aquel día, y que probablemente, los recuerdos de dos personas que les habían llevado a terminar sus días de este modo, no fuesen los más adecuados para comenzar con dos nuevas vidas. Pero su egoísmo y su afán de reconocimiento en el mundo científico eran demasiado fuertes, y aquellos pequeños detalles sobre el pasado de los donantes quedarían silenciados para siempre.

Con el pasar de los días, los durmientes cuerpos de Fabián y Blanca iban mostrando signos de respuesta favorables, parecía que los órganos ajenos a estos se adaptaban poco a poco, la etapa de más riesgo estaba superada. Blanca era observada con un poco mas de atención dado a que las lesiones del accidente no hacían de su estado físico el mejor. Fabián, sin embargo, evolucionaba rápidamente, su cuerpo estaba acostumbrado al castigo, y al ejercicio físico que tanto tiempo hizo en la cárcel.

Ahora mientras todos esperaban el despertar, quedaban varias cosas que ajustar en cuanto a su vuelta a la vida, ellos no reconocerían nada anterior a la operación, por lo tanto el apoyo médico los debía preparar para salir nuevamente a la calle. Paul sabiendo cómo habían muerto los donantes, decidió participar en la etapa de rehabilitación, hizo hincapié en que Fabián y Blanca, no debían conocerse por nada del mundo, e inclusive, utilizar los medios disponibles en el hospital para asegurase que eso sucediera. La operación casi era un éxito, y Paul no quería correr riesgos.

Fabián abrió los ojos por primera vez luego de dos meses, ni bien comenzó a sentir, su cuerpo se llenó de temblores, las pulsaciones transcurrían aceleradamente, reaccionó en una especie de shock a sus nuevos recuerdos, pero con apenas un calmante recuperaría el control. Le hicieron algunos estudios, algunas evaluaciones psicológicas, e inmediatamente llamaron a los medios. No les importó demasiado si era conveniente, querían asegurarse la primicia y figurar en todo el mundo; Paul tenia sed de fama.

Pasarían unas semanas más hasta que despertase Blanca, pero en el caso de ella el alta no sería mediática. En silencio partiría del hospital a su casa, la misma casa de siempre, pero siendo una mujer nueva.

Blanca siempre vivió sola y le dedicó mucho tiempo a su hogar, pero esta vez, cuando entró, tras pasar aquellas enormes puertas color rosa viejo, no reconocía nada como propio, igual sabiendo que aquello era suyo sonrió, le parecía bellísima la casa y al instante curioseo todo lo que había allí. Encontró en el dormitorio la puerta que la llevaría al vestidor, se probó la ropa, y por primera vez sintió algo extraño.

-Esta no soy yo. Aseguró mientras se observaba en el espejo.

Con los días se sentiría ajena a su vida constantemente, nada encajaba con ella, la novedad que había hecho de los primeros días una situación llevadera, comenzaba a esfumarse. La incomodidad de ser alguien que no era, la hacía llorar en cada rincón. Esta mujer era muy sensible, y buscaría la vida deseaba sin medir sus consecuencias.

Caminó por la ciudad sin rumbo, luego de un rato vio una tienda de bijouterie donde un gran cartel de venta tapaba casi sin querer otro que decía: cerrado por duelo. Sintió gran atracción por ese local y acercándose a la vidriera, intentó mirar hacia el interior. Parecía una buena oportunidad para distraerse un poco de los pensamientos. Sacó un lápiz de su bolso y apuntó el número telefónico que se encontraba en el cartel. Ahora blanca pasaría varios días distraída y entusiasmada con su trabajo, todo parecía mejorar.

 

 

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RECUERDOS – (4ª parte)

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- Recuerdos – (4ª parte)

 

El equipo realmente estaba sorprendido, estos casos estaban generalmente en los libros universitarios y ahora aplicar conocimientos teóricos sin tener experiencia les generaba ansiedad; y por mas ansia que tuviesen todas las partes, solamente quedaba esperar unos días mas para evaluar el desarrollo.

Ese mismo día su abogado se hizo presente, con la póliza de seguro en mano para comunicar que todos los gastos estaban cubiertos, que no escatimasen en ninguno y que hicieran lo mejor. Alberto, su abogado no era amigo, pero agradecía todo el trabajo que Blanca le había dado durante estos últimos veinticuatro años, el siempre fue su abogado de confianza y de igual manera le quería pagar.

Pasaron algunas semanas, la memoria y la identidad no aparecían, la situación era irreversible y todo el poderío económico no es nada si no se tiene rasgos propios y recuerdos vividos. Así pues, en el hospital buscaban los medios para proponer la misma solución que aspiraba Fabián para sus problemas; el injerto de recuerdos nuevos.

La comunidad médica se convulsionó completamente, y más allá de las técnicas, el debate transitó por el camino de lo moral y ético. El mundo puso sus ojos juzgadores en esta noticia, pero tarde o temprano, Paul lograría convencer a muchos y conseguir proyectar por fin su única ambición en la vida y por lo que había pasado algunos meses en la cárcel. Trasplantar el lóbulo frontal del cerebro.

El problema ético se planteó al tratar esa zona del cerebro como un órgano más del cuerpo humano, y la iglesia, apoyada por numerosos grupos de índole purista, se abalanzaron ferozmente sobre los médicos y científicos que defendían este tipo de trasplantes. Al final, los jueces dieron la razón a los médicos, entendiendo por ley que los donantes de órganos, hasta aquel momento, no hacían ningún tipo de discriminación con respecto a los órganos que donaban altruistamente, a partir de aquel día, se modificó la ley y los nuevos donantes debían de especificar qué órganos estaban dispuestos a donar.

A las pocas semanas, pasada ya la agitación mediática, apenas nadie fuera de los círculos científicos y médicos se acordaba del caso Fabián, que para bien o para mal, iba a ser el primer ser humano en recibir una porción del cerebro de otra persona, y con este, todos sus recuerdos. Tampoco nadie sabía que aquel mismo día, probablemente en un quirófano contiguo al de Fabián, Blanca correría la misma suerte. El equipo de cirujanos que iba a proceder con las operaciones, estaba formado por especialistas de todo el mundo, y por ese motivo habían decidido realizar la operación de Blanca unas horas antes que la de Fabián. De ese modo, si algo salía mal con Blanca, el equipo médico tendría cierta capacidad de rectificación con Fabián, porque el éxito en la operación de de éste sería el que trascendería mas tarde a los medios y a la posteridad. En cambio, la operación de Blanca se llevaría a cabo en total secretismo y si algo fallaba, nadie reclamaría las responsabilidades.

Ahora solo le quedaba esperar a los donantes, al recibir los cuerpos en el hospital todos los procesos se debían efectuar con enorme celeridad, porque en poco tiempo, las células cerebrales morían de manera irreversible y por unos pocos minutos de demora, todo el proceso se podía echar a perder. Con los quirófanos y todo el equipo preparado para actuar en cualquier momento, Blanca y Fabián eran mantenidos en estado de semiinconsciencia, totalmente ajenos al nerviosismo que se respiraba a su alrededor.

A los pocos días la espera llegó a su fin. Una llamada al hospital confirmaba que en ese preciso instante se dirigía hacia allí un helicóptero con dos donantes que encajaban a la perfección con los requisitos buscados. Los dos habían fallecido ahogados hacía unos pocos minutos y entre la excitación y el ajetreo que se produjo en esos momentos en el hospital, nadie se detuvo un segundo a pensar en las circunstancias que rodeaban aquellas muertes.

 

Continuará…

RECUERDOS - (1ª parte)

“Recuerdos” es un pequeño relato que he escrito en colaboración con mi amigo Sïnuhé, durante las próximos días lo iremos publicando por partes, (pues es un poco extenso), en nuestros blogs. Al final y al principio de cada parte podréis encontrar los enlaces a los capítulos posteriores o anteriores. Esperamos que os guste y que disfrutéis con su lectura, por lo menos tanto como nosotros disfrutamos con su escritura.

 

 

 

- RECUERDOS  - (1ª parte)

 

Mientras caía una tarde lluviosa de abril, Blanca pasó horas enteras mirando por la ventana,  no se interesaba por nada ese día  y,  luego de contar una a una cada gota que caía sobre el  vidrio empañado, salió en busca de esa adrenalina que hace un tiempo había dejado en algún lugar.

Sentada en el asiento de cuero de su Cadillac negro, hizo rugir el motor, despegó de su casa sin preocuparse en los excesos de velocidad, condujo sin rumbo cierto y sin nada en mente, solo concentrada en cada cambio que agregaba y con su taco firme apretaba el acelerador cada vez mas.

Mientras que la velocidad apartaba el agua de la carretera, su rostro se empapaba de la misma, Blanca no tenía casi visibilidad, la lluvia era intensa y el automóvil avanzaba demasiado rápido como para reaccionar.  Así fue, que en una pronunciada curva encontró el límite. El vehículo se fue de control, y pisar el freno no fue la mejor solución. Su Cadillac giró como remolino sobre la ruta, y siguiendo la gravedad cayó por el acantilado. Varías ruidosas vueltas, y luego un infinito silencio que acompañaría a la noche. Ella quedó allí, entre los fierros retorcidos; herida e inconsciente. La sangre tiñó toda su ropa de rojo, y mientras en sueños peleaba con la muerte, el tiempo jugaba en su contra, ya que nadie transitaba tal peligrosa carretera.

Con el salir del sol, la lluvia se evaporó, tras más de diez horas del accidente aún seguía viva, aunque ella ni siquiera lo sabía y por el camino comenzaban a circular los primeros conductores prudentes y con ellos el primer vehículo que al observar las marcas en el asfalto se decidió a mirar.

Impactado por la terrible escena, un joven que iba camino a su trabajo  se apresuró a buscar ayuda, llamó de inmediato a pedir auxilio, y con rapidez bajó por el acantilado hacia el cuerpo destrozado de Blanca, sintió allí su débil pulso y algo de aliento. No la movió, solo comenzó a quitar los trozos de metales negros que la rodeaban, sentía que la vida de esa mujer dependía de lo que el pudiese hacer mientras llegaban los médicos.

Las sirenas rompieron el silencio, los bomberos rescataron el cuerpo con ayuda de un helicóptero y de allí, viajó hacia el hospital, por un tiempo no iría hacia ningún otro lugar, pues en estado de coma había terminado su aventurera búsqueda de adrenalina.

Blanca acostada en la cama de urgencias del hospital con una venda que rodeaba su rostro, esperaba una a una las decenas de cirugías que los médicos planificaban. Sola, sin más compañía que el molesto sonido que emitía el electrocardiograma, ese sonido que como segundero le secreteaba que aún se encontraba viva.

Mientras que su envase físico se recuperaba, la espera de su despertar ponía ansiosos a los prestigiosos médicos que como conejillo de indias, la examinaban una y otra vez, tenían en mente las más innovadoras técnicas para esa mujer por la que nadie esperaba, por la que nadie exigía el parte médico.

 

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Desde el mar, mirando tu ventana.


Fotografía: “Ventanuco” Jorge Oromí ©Todos los derechos reservados.

Que daría por estar del otro lado,
encontrarme del lado del mar,
y curiosear lo que pasa de tu lado,
ver los sucesos a través de la ventana.
Pero me toca estar este lado,
y solo me queda el imaginar.
Se muchas historias que suceden por la ventana,
esta (la que me imagino) es mejor,
porque tiene como testigo el ancho mar.

Manuela Fleitas

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Venenosa mujer

Parada sobre la húmeda pared de un callejón oscuro manteniendo apenas su equilibrio, apretaba a su brazo fuertemente la goma de la satisfacción. Mientas le gritaba agitadamente a su amigo que le diera ya su porción de paz. La aguja no provocaba nada de miedo, tan solo placer, como algunos dolores ya lo provocaban hace tiempo en su vida. El placer del dolor, el placer de sentir cuando este por fin se va.

Pero el dolor y el sufrimiento no se manifestaban solamente en sus terminaciones nerviosas, también el dolor visual, ese que se ve, ese sufrimiento provocado y que al presenciar le generaba un pleno goce. Cada día debía consumir mas para empezar, pero luego, mas desinhibida apreciaba amar con cera de velas y látigos de punta metálica.

Pálida como la luna, contrastaba con su atuendo oscuro y con sus rojas uñas, que disimulaban los venenosos labios. Improvisaba como la muerte y convocaba a la misma, jugaba con el límite de estar de un lado o del otro.

Por mas que la amordazaran cuando tenía algo que decir, no la podían callar, era sucia en sus palabras e indecente en sus deseos. Tóxica de los pies a la cabeza y de izquierda a derecha. Tenebrosa en la cama y con un sombrío corazón.

De tanto jugar con el amor hace un par de días le tocó perder, pero pese a sus chocantes marcas, cortes  y su lenta agonía, cuando abrí su féretro no pude evitar notar la imponente sonrisa estampada en su rostro.

Creo que no podré olvidarla nunca y menos ahora que me atreví a probar un poco de su sangre, y terminé bebiendo con placer algo de su veneno.

 

Manuela Fleitas. Safe Creative #0811081260821