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ApagónHay sombras chinescas en medio de la noche, Capricho de amorSe encontraron en Paris, así lo habían pactado mucho tiempo atrás, y ese día por fin había llegado, eligieron ese lugar como capricho de amor luego de haber charlado varias noches sobre esa atracción que les generaba tanta historia, el perfume, el vino y las uniones de amor eternas que en Paris sucedían cuando dos almas decidían encontrarse allí. Los días previos al encuentro fueron de mucho nerviosismo, las manos de el temblaban empapadas en sudor y sin nada de apetito cenaba recuerdos generados desde que la conocía a ella. El recordaba bien ese día, tenía ocho años y algunos día mas, y paralelamente ese fue el día que ella nació, el sin saber nada del amor sintió un hormigueo por la espalda que cambiaría su vida por siempre. Fue desde ese momento, que la buscaría todos los días, la imaginaría y soñaría hasta sentir que era una parte más de él. Mientras tanto, ella también recordaba a su amor, con su memoria frágil recorría las hojas de aquel diario que de tantos sentimientos, parecía tener vida propia y que a veces lloraba y otras veces reía. Y en el pasaje de las hojas, releía aquel sentimiento que nació con ella, el de que alguien la protegía mágicamente a la distancia, ese sentimiento de cuentos fantásticos donde a veces era un ángel protector, otras un caballero valiente, y en ella era ese desconocido que necesitaba conocer. Los minutos pasaban eternos, y cada uno preparaba su corazón para la noche, ella se miraba en el espejo la sonrisa, debía lucir perfecta, acomodaba el escote del vestido una y otra vez sin quedar conforme, pero por fin decidió salir, con toda la belleza del amor y su perfume encantador, a encontrarlo. El temblaba, no podía controlarlo, su corazón parecía escaparse de su cuerpo, el intentaba retenerlo con sus manos para poder colocar el tulipán firmemente y que con tantos movimientos no corriera el riesgo de que se escapase, pero no sería posible calmarse hasta no verla, mirarla atentamente, hacer realidad el sueño predilecto de sus noches, el debía verla, no quería dormir una noche más con ese vacío dentro. La hora pactada sería las once de la noche, y él como buen caballero iría un poco antes, no quería que ella esperara, así que busco la mejor mesa, tomó la carta, y vio una y otra vez que cena acompañaría mejor la ocasión, decidiéndose por sushi, pensando que no habría mejor combinación en el mundo que esa, la mujer más bella y sushi. Ella dio la primera señal sonriendo, y el respondería con un beso y toda la merecida cortesía. Hablaron por horas, de todo, no quedó prácticamente que preguntar, pero lo que más recuerdan de a charla fue lo que preguntó ella: - ¿dónde estabas? A lo que él había respondido: - Buscándote, amor, buscándote. El momento más anhelado ya era parte de la memoria de cada uno, ahora dispuestos a seguir irían escribiendo la historia juntos. Por la tarde la llamó, ya no podía estar un minuto más sin ella, y con la alegría de su amada por la llamada, fueron juntos a pasear por la rivera del Sena, y allí mismo sin esperar más, sacó el anillo del bolsillo y propuso con las más hermosas palabras estar juntos para siempre. El sueño se convertía en realidad, y esas almas que pasaron buscándose una vida, se encontrarían por fin, para ser una sola, el amor hasta ese día era invisible, pero ahora sería una colosal obra de arte en construcción, día a día agregarían un color, una característica única, sentimientos y mucho deseo, cuerpos humanos, marcos de oro, y avergonzarían en París a los mejores cuadros en los museos…
AasiyahAasiyah Era una noche templada de primavera y todo parecía normal, la calma dominaba el clima y el silencio esperaba algún acontecimiento diferente. Así fue que, esa noche nació Aasiyah, una diminuta beba con ojos del mismo color que la tierra. Sus padres decidieron llamarla así, dado que su nombre significaba Reina de poderosa dinastía, ellos querían de alguna manera estampar sus deseos y anunciar la permanencia de la familia en el trono. Aasiyah desde pequeña fue especial, y criada en un palacio repleto de lujos, donde los deseos de la niña eran cumplidos a demanda, crecía, y llenaba su tiempo con las cosas que le gustaba hacer, ninguna preocupación la ocupaba, ella se dedicaba a danzar en el salón y transformar el piso en suaves nubes. Bailaba como ninguna otra niña, y cada vez que lo hacia quienes tenían acceso, se acercaban a contemplarla. Sin notarlo continuaba bailando, y cada paso elevaba su espíritu a sensaciones indescriptibles. Poco a poco la hermosa niña se transformó en una deliciosa jovencita, que abusaba de los lujos y no encontraba calmar su apetito de disfrute, no conocía los límites, y todo lo que deseaba debía ser cumplido. Cuando era joven, Aasiyah fue presionada por sus padres, ella debía tener un príncipe y dejar los lujos para tomar las responsabilidades que el trono le obligaba; pero Aasiyah, estaba segura de que no quería vivir cumpliendo obligaciones, ella quería las cosas a su semejanza y gusto, así que tras negarse a casarse en exclusividad con el propuesto príncipe Dawûd, decidió crear el reino de sus sueños. Y así fue que en la oscuridad de la noche, apuñalo a sus padres, mandó enterrarlos y se apoderó del palacio para no dejar de ser ella misma, ni por una sola noche. En el reinado, el sol salió como de costumbre y la sangre se limpió silenciosamente, Aasiyah asumiría el trono anunciando la desaparición inexplicable de los reyes. En poco tiempo, el casamiento conveniente con Dawûd sería un hecho ya que la política no era de su agrado. Pocos meses después de la desaparición forzada de sus padres, la boda se realizó; flores en mano y un largo tul color rosa vistieron su cuerpo dejando entre ver la belleza más íntima de la ahora reina. El pueblo no asistió a la boda, pero sí hizo eco de ella, y en los tumultos se rumoreaba el asesinato de los reyes, que pasado el tiempo quedaría impune y olvidado. La reina no ejercía el poder, era él rey experto en esa área, y ella que no podía calmar su codicia por placer, lo utilizaba como desahogo carnal. La pareja nunca llegó a conocerse demasiado, pero cada uno necesitaba del otro. Dawûd precisaba del cargo, Aasiyah del cuerpo real. Todas las noches, la bella joven provocaba a su marido, con sensuales prendas y bebidas afrodisíacas, el no se resistía, siempre se dejaba llevar, y luego sentía que su vida estaba completa. Así fue que Dawûd queriendo hacer feliz a su esposa, armó un harén, poco a poco y sin que ella supiese, fue escogiendo hombres de todas partes, lo asesoraba su hermana y con buen gusto fueron completándolo. El harén estaba conformado por hombres de todas las formas; morochos, rubios, corpulentos, altos y un sinfín más. Y clasificados en categorías fueron colmando todo el salón central del palacio. Las velas, las lagunas espejadas, las pipas de opio y las sedas formaban el decorado, y con guardias de confianza, el lugar supremo del palacio estaba seguro. Una noche, el rey decidió entregarle el regalo, y cuando Aasiyah lo buscó para hacer el amor, el, vendó sus ojos y la llevó lentamente hacia el salón central. Llegaron; le quito la venda y simplemente le dijo:- esto es para ti. Aasiyah sorprendida no tenía palabras. Entró sin timidez y se acercó al grupo de los bellos. Dawûd se fue, y ella se entregó rápidamente al placer. Deleitándose entre cuerpos masculinos, pasó días y noches sin poder salir de allí. Su sueño ahora era realidad, y en su vida hueca de emociones, un “si mi señora” lo completaba todo.
Juventud y plieguesAlgunos hechos mágicos y varias palabras de amor, eran lo único que necesitaban para descubrir de repente, que la vida era una delicia. No importaba para nada en qué momento esos hechos y aquellas palabras habían ocurrido. Solo les importaba que desde ese momento, los colores de las cosas lucían diferentes. Aquellos días de rutinaria rutina, esos días de solitarios momentos ya no serían iguales porque algo había cambiado. Sedientos en la soledad, buscaban zacearla, calmarla por un tiempo, o mejor aún para toda la vida. Cuando se encontraron, ejercitaron en olvidar el ritmo del reloj y mientras que perdían el tiempo, el desvelo por la curiosidad hacia que ellos se fuesen conociendo mas. Ella miraba lentamente su piel, esa piel tirante y decorada con brillo de la poderosa juventud. El observaba los pliegues, y en cada uno de ellos leía la memoria de una mujer, y con ella algún que otro hombre amado. Y mientras se descubrían y sin ningún temor, los días, que no eran eternos de tiempo pero si infinitos de belleza, fueron transcurriendo. Y un día, llegó el momento que sin molestarse en pensar en la edad, quedaron atrapados entre velas de colores y guitarras españolas, se desvistieron lentamente y juntos alcanzaron una sensación suprema.
Esta vez me dormíEsta vez me dormí, Cuando me dormí, Mientras me dormí, Sencillamente me dormí, Hoy no conseguiré dormir,
De regreso...De regreso…
He aparecido otra vez, y dado que me han preguntado si me sucedía algo o me había tragado la tierra. Les cuento, no me sucedió nada, o por lo menos nada malo, solo aproveché este calor en el medio del invierno para ventilarme. Dicen que si sucede algo malo todo el mundo se entera enseguida, y es cierto, y si sucede algo bueno hay que utilizar todos los medios para que alguien se entere… no haré la crónica de mis tres días de ausencia… solo les contaré que la familia se ha agrandado, y ahora Preto un perro labrador negro forma parte de los Descoueyte – Fleitas. Así que aquí estamos en familia junto a los tres niños, dos perros, dos tortugas, un hámster… Aprovecho para dejarles un regalo... ahh e iré visitando las entradas de a poco dado que veo que ninguno perdió el tiempo!!!
Segunda función trasnocheSegunda función trasnoche Era una noche de sábado, hacía tres meses que no salía a dar un paseo nocturno, ese sábado las tareas me habían permitido un poco de soltura en el día así que le propuse salir a mi marido. En el medio del invierno ese sábado era uno excepcional, mucho calor, y una humedad que pegoteaba todo. Recuerdo como si fuese hoy aquel día; salimos a pasear en el auto, ropa liviana, música divertida y una sonrisa en la cara, comenzamos la noche con una cena romántica y cálida junto al río, bebimos y charlamos hasta que nos dio ganas de caminar. Contemplando la luna, charlando de la vida dirigiéndonos sin rumbo. Pero el calor agobiaba, así que luego de un rato subimos al auto a buscar nuevas diversiones, ahí fue que surgió la idea de ir al cine, algo poco natural, nada original, pero cómodo y con aire acondicionado. Ya en la sala, hicimos la cola, sacamos las entradas, compramos el pop unas cervezas y otra vez la cola para entrar en la sala, no sé porque, pero la fila era interminable, quizás muchos buscaban el aire acondicionado del cine, o quizás muchos fanáticos de Woody Allen ansiaban ver el estreno de Match Point. La cola de espera duraba ya más de 20 minutos, y mis recursos de distracción se iban agotando, creo que justo en ese momento me detuve en la persona que estaña frente de mí, ese chico de chaleco sintético rojo, con gorro, lentes negros y una postura rara. Lo miré una y otra vez, hasta que notó mi mirada, ágilmente miré hacia atrás como para disimular. Luego continué observándolo, su pierna izquierda temblaba. Pasado treinta minutos la fila comenzó a avanzar, el se quitó los lentes, y su cara me pareció aún más extraña; miré a mi marido y levanté mi cejas, en un gesto que manifestaba mi curiosidad. Entramos, nos ubicamos como de costumbre en el medio de la sala, repartimos las cervezas, el pop, y esperamos a que en la pantalla grande algo sucediera. La espera ya se sentía interminable y mientras observaba la gente que entraba, volví a ver a este muchacho, nuevamente frente de mi, el se sentó en el asiento delante y no se quitó su chaleco. Sinceramente no me pasaba a menudo notar a alguien con apariencia rara y actitud sospechosa, y sería por eso que aunque quería, no podía dejar de mirarlo. Imaginaba un sinfín de historias en la vida de este personaje al que ya lo llamaba en mi mente como el hombre de rojo. Intentaba imaginar su cuarto, lo veía en soledad, sentía que era obsesivo, depresivo, cerrado y misterioso. El tiempo transcurría, y mi interés hacia él aumentaba, nada perturbaba mi imaginación, hasta que la ficción de mi mente fue superada por la realidad. En el momento que comenzaban los avances, el hombre de rojo, se paró, saco un arma y comenzó a disparar, en ese momento recuerdo haber tomado a mi marido del brazo y que en segundos nos encontrábamos en el piso, los gritos y las balas aturdían, la sangre caía en cascada por las butacas, la muerte se sentía cerca. No sé quien fue el que lo detuvo, solo notamos que se detuvieron las balas y al pararnos dos hombres lo tenían reducido en el piso, el pánico seguía y a medida que las luces se encendían los que aún estábamos, auxiliábamos a los heridos y nos enfrentábamos a los muertos. La policía llegaba, las ambulancias y la prensa; la tragedia de ese día se convertía en portada de diarios, en número de asesinados, mientras que se desgarraban los corazones de las víctimas. El hombre de rojo fue a prisión, pero se suicido unas horas después, no se supo nada de él, ni siquiera su nombre. En los días posteriores a la masacre, hablé con varias personas sobre el tema, recordamos a los muertos y poco a poco superamos ese día. Pero lo que nunca pude contar fue que desde esa día y cada vez que voy al cine, veo en la fila, delante de mí, al hombre de rojo, observando el programa de películas. Temo que un día vuela a entrar y esa vez no pueda contar el final. Como te esperaba!
Posiciona ContraRecuerdan esta iniciativa que muchos blogs amigos se sumaron:
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