Profilo di ManuelaManuela FleitasFotoBlogElenchi Strumenti Guida

Mi profundo sueño

Mi profundo sueño

El fuego de la hoguera calentaba mi cuerpo, lo contemplé dejándome agarrar por su magia, me asombraban las llamas con sus tonos rojizos y  destellos tornasolados, en determinado momento el calor me atrapó y me dormí.

Caí en un profundo sueño. Al abrir los ojos miré mis nuevas manos, que se encontraban arrugadas y simpáticamente manchadas, recorrí con la vista todo lo que me rodeaba buscando desesperadamente un espejo. Caminé unos pasos hasta la habitación contigua, y allí junto a la puerta se encontraba un enorme espejo con marco dorado. Con un poco de temor me acerqué y me vi, ahora mi cuerpo reflejaba en el vidrio a una mujer de unos setenta años y con unas cuantas vivencias encima, todas muy cercas, pegaditas a la piel.

Con tanta emoción y curiosidad me agoté y decidí reposar unos momentos, así que me recosté sobre una cama, mi nueva cama, y dormí algunas horas. Al despertar decidí no perder tiempo en resolver el misterio de mi sueño y disfrutar de mi nueva vida.

Recorrí de punta a punta la casa, memoricé cada rincón, me fasciné absolutamente con todo lo que se encontraba allí, pues decididamente todo me gustaba. Cuando menos lo esperaba me recorrió por la espalda una sensación muy similar a la preocupación, por mi mente surgieron miles de nombres que yo simplemente desconocía. Y en voz alta dije:

- ¡mis nietos!, los llamaré antes de que se preocupen.

Sinceramente no sabía lo que estaba haciendo, pero mi dedo marcó cuatro números telefónicos, mi boca pronunció varios nombres adornados de bellas palabras y cuando corté, mi latente corazón rompió en un llanto lleno de emoción, ahora solo debía esperar que llegase mi familia.

Estaba tan ansiosa, me preguntaba cómo serían físicamente, pero además de la ansiedad me rodeaba un enorme orgullo. Esa mujer, a la que me había traslado en sueño, había disfrutado de su vida, y por lo visto había hecho las cosas medianamente bien, porque solo estar en ese cuerpo me brindaba una satisfacción profunda. Por eso fue, otra vez, como cuando me dormí en la estufa, que me dejé llevar.

         Recuerdo perfectamente el momento en que llegaron, yo estaba en la cocina preparando una cantidad de postres con mucha experiencia, aquellos pequeños, y sus padres entraron corriendo y me abrazaron.

– ¡Abuela! ¡Qué alegría verte!

Y me llenaron los brazos con miles de regalitos.

         Esa visita se devoró todo el día, y como postre final les conté varias historias de mis vivencias en el pasado. El empecinado reloj marcó el fin de la reunión, y yo ahora sola en casa, tomé mi diario y comencé a escribir todo lo que había sucedido en la jornada. Supongo que fue la soledad de la noche que me tentó a mirar las hojas anteriores, necesité leer el pasado de esa mujer que ahora era mío y que me confundía.

         Lo que me sucedió fue muy impactante, pues mientras que mi presente me gustaba, me encontraba con un pasado, leí cada página con atención, y poco a poco me di cuenta que lo que leía era mi propio pasado. Mi extraño viaje al cuerpo de otra mujer, resultó ser al final, mi propio viaje; era yo en el futuro. Al darme cuenta, todo se volvió borroso y desperté nuevamente junto al calor del fuego.

         Hoy reconozco que quizás no supe aprovechar esa oportunidad demasiado bien, que podría haber averiguado mas de mi, de los míos, de lo que sucedería. Pero, ¿saben qué? Lo que conocí fue suficiente, porque en aquella mujer de setenta años, no encontré ni un solo arrepentimiento, encontré a alguien que llevó su vida tal como la soñó y que aunque hubiesen pasado muchos años, aún se podía mirar orgullosa al espejo.

 

Manuela Fleitas.Safe Creative #0811081260920

EL TIMBÓ

De Manuela fleitas

 

EL TIMBÓ

Las orejas de negro escondían leyendas,
leyendas olvidadas con el pasar del tiempo.
Árbol que no da buena sombra es el timbó,
y esa sombra, es tan deseada por el árbol.

Mariana al caer la noche se animó,
talló el amor con una punta filosa.
Grabó en él sus más grandes deseos,
esos que hace tiempo no la dejaban dormir.

Y bajo el timbó simplemente esperó,
dicen que pasaron días, tardes y noches.
Hasta que por lástima la suplica se concretó.
La mujer que amaba, apareció junto al árbol.

Bajo la oscuridad y casi sin ninguna sombra,
indomablemente las dos hicieron el amor.
El único testigo fue el árbol que extasiado quedo
El timbó: accesorio del amor, con frutos de pasión.

Cuentan que fue tan mágico él encuentro,

que esa noche hasta el cielo cambio de color.

 

Manuela Fleitas Safe Creative #0811081260944

Caminando por Corrientes

La sombras de los árboles oscurecían las veredas, el ambiente rodeado de un frio invierno, era casi media tarde y Cecilia salía de su trabajo caminando lentamente hacía su casa. Silbando una canción que había escuchado durante toda su jornada, daba pataditas a toda aquellas piedritas que se ponían delante de sus zapatos. El caminar junto al silbido formaban ritmos y aquellas piedritas parecían bailar.

Mientras pensaba en asuntos del trabajo, planeaba lo que prepararía para cenar, sabía que al llegar a casa estaría cansada de tanto andar, pero ese camino que la regresaba al hogar le daba un respiro, una pausa para cambiar de su papel de profesora al papel de mamá.

Cuando iba por la mitad del camino, sonó su teléfono celular; su hija la llamaba para decirle que se quedaría a dormir en la casa de su mejor amiga; Cecilia y su hija se tenían mucha confianza así que su pequeña no debió explicar nada más para obtener un sí y un llévate un abrigo y un pijama mira que está muy frio. Y ahora con el resto del día libre, se disponía a seguir su camino pero quizás ya no directo a casa.

Mientras planeaba en llamar a alguna amiga, recordó que aún debía alimentar al gato, este no se prepararía la comida solo, y ya de paso se daría un baño y un cambio de look para luego salir a pasear. De camino, marcó el número de María, su amiga, y la invitó a pasear. María aceptó con entusiasmo y a las dos horas la pasó a buscar.

Prácticamente habían salido todas las estrellas, y mientras se contaban decenas de cosas, fueron a parar al legendario Café Tortoni. En esa época aún emitía desde el sótano el gran Dolina su programa radial, y luego de deleitarse con una picada, partieron al sótano a pintar sus rostros con enormes sonrisas.

Aquella noche poco a poco se iba volviendo inolvidable, dos amigas, que sin saber cómo, terminaron caminado por la calle Corrientes. Hablaron de todo, se contaron éxitos y fracasos, alegrías y dolores, sino recuerdo mal, a María se le escapó alguna lágrima y a Cecilia un gran abrazo.

La madrugada las atrapó, y se dieron cuenta la gran necesidad que se tenían la una a la otra, amigas de toda la vida, que sin querer se habían adoptado como hermanas. El destino tenía esos recursos, juntas podían cambiar el mundo, sanar heridas, y no necesitar nada mas.

La noche se esfumó fugazmente, y en los últimos abrazos una comentó:

-          Deberíamos hacerlo más seguido ¿Qué te parece?

Y así fue que a pesar de la rutina, María y Cecilia una vez al mes se adueñaron de la noche, para solamente vivir aventuras y hablar de la vida.

¿A alguien le parece poco?


Manuela Fleitas
 Safe Creative #0811081260968

 

Este breve cuento está dedicado a Cecilia que disfruta de mis historias desde el otro lado del río: La vida se reinventa cada día

Para los que no conocen el café Tortoni: http://www.cafetortoni.com.ar/
Y para todos aquellos que se han perdido de Dolina: http://www.elnegrodolina.com.ar/
Avenida Corrientes (otra joyita de Buenos Aires): http://es.wikipedia.org/wiki/Avenida_Corrientes

Saboreando

Las tardes de agosto recorrían el mundo, primero pasaban por allá, luego llegaban acá. Fue así que prestando atención a ello un día me llegó volando en el aire una tarde, nunca supe bien de donde venía esa tarde, ni tampoco quien era el dueño de la hermosa historia que viajó colgada junto a la tarde. Así fue que observé con mucha atención cada partícula en el aire de tarde y fui anotando cada detalle. Debo reconocer mientras que terminaba mis apuntes noté que me faltaban algunos datos, quizás no relevantes, pero dado que me gusta que mis personajes tengan nombre, pues los he tenido que inventar, el resto es verídico.

Pistachos, jengibre, aceitunas y peras, uno a uno encontraban refugio en mi nariz, Ismael, el cocinero que los preparaba los condimentaba con una vieja canción de amor en las montañas. Al preparar aquella receta sonaban crujientes la pícaras gotas de aceite que se entreveraban en el sartén, y sin probar un solo bocado agregó de a poquito y revolviendo a la derecha, todo el placer que le brindaba el cocinar.

Ismael no había aprendido en ningún curso, el era más bien autodidacta, y con su buena intuición por el gusto de los demás, preparaba las mas extravagantes recetas. Así fue que ese jueves de agosto preparó tan perfumado plato. En el pueblo todos se aglomeraban para deleitarse con el menú del día, y apreciando los detalles descubrían la belleza de la vida en las cosas mas sencillas. Muchas veces recibía comensales exigentes, que le solicitaban mezclas especiales de sabores, con el fin de conseguir algo. Estaban los enamorados ambiciosos que preferían lo afrodisíaco, los juveniles desenfrenados que optaban por lo liviano, los clásicos de siempre que optaban por una buena pasta italiana, y así, un sinfín de bocas rigurosas motivaban a Ismael a crear, el nunca se había sentido demasiado exigido al cocinar, aceptaba los desafíos y lograba satisfacer los pedidos.

Orgulloso de sus tareas, ese agosto recibió por primera vez un pedido tan especial que dudó poder lograr. Tímidamente se había acercado a él una niña de ojos color azabache que le propuso un menú especial; Carla una pueblerina corriente deseaba que él le cocinase algo para poder dormir. Ismael asombrado le invitó a sentarse y que le contase con detalles el porqué de su insomnio, no era una tarea fácil y no sabía cómo empezar, así que con mucha atención la escucho y se dejó llevar.

Carla tartamudeó en sus primeras palabras y poco a poco se fue soltando y dejó fluir su problema:

-    No puedo dormir, hace meses que no duermo.

Ella no podía dormir, y eso sucedía desde el día que había visto a aquel hombre que entre el tumulto brillaba. Soñaba despierta y a cada momento, soñaba con él, respiraba por él. Por las noches, cerraba los ojos intentando dormir, pero era inútil no lograba dejar de repasar en él. Como una adicción, su cuerpo temblaba si no lo veía caminar por el pueblo, su cuerpo palpitaba al verlo pasar. Carla se transformó en soñadora, pero quizás ya estaba desesperada por este descontrol de sentimientos. Poco a poco le contó todo a Ismael, y él le fue preguntando lo que quiso con soltura, la conversación duró varias horas, pues Carla era un libro abierto.

Tras pasar la charla, Ismael le propuso que lo dejara pensar, el intentaría alimentarla con alguna solución, buscaría los ingredientes correctos, y antes de lo que ella imaginara le golpearía su puerta para brindarle un bufet de serenidad.

El cocinero sabía lo difícil que era complacer a una soñadora despierta, y ya un poco desesperado, salió a caminar por aquel río que tanto le gustaba. Mientras recorría los senderos de arena, encontró varios ingredientes que quizás le podían servir, y recordando los consejos de su abuela, se paró frente a los laureles. Escogió las mas tiernas hojas pensando que Carla necesitaría un buen digestivo, ya que imaginaba que en su estómago habitaban miles de mariposas inquietas, así que tomó tres hojas de laurel y continuó caminando. Mas adelante observó un matorral, se acercó y allí encontró un paraíso culinario; romero, lavanda y tomillo en exceso, todos llenos de vida, repletos de sabor y mientras pensaba lo fructuoso de su paseo escogió un ramito de cada planta. El romero por su estupendo perfume mediterráneo, el tomillo por su poder cicatrizante, ya que pensar en curar alguna herida del pasado no estaba de sobra, y la lavanda para regalársela en pequeños saquitos donde Carla pudiese poner bajo la almohada e intentar así conciliar el sueño.

Ismael rodeado de frescura volvió a su casa, colocó todo en el tablón de su patio donde siempre prefería cocinar, y mientras buscaba el frasco con tilo, comenzó a pensar que preparar. Optó por una carne roja, pues estas siempre eran mas terrenales y pasionales. Un filete acompañado con unas zanahorias glaseadas, que parecía dar el equilibrio perfecto, sabor, dulzura, brillo y color sin demasiada complejidad al saborear. Fue a la bodega y sin titubear tomó un coupage compuesto por tannat y merlot que hacía un par de años esperaba el momento adecuado para salir a maravillar. Ismael empezaba a sentir realizado el encargue, pero aún le faltaba el postre, un detalle infaltable que lo haría pensar varias horas mas.

Sentado sonrió, pues luego de tanto pensar era claro que el postre debía contener naranjas, pues el olor a naranjos predominaba el ambiente y no era esa una oportunidad para desaprovechar. El postre estaba decidido, sería naranjas al cava.

Ismael almacenó con cariño cada ingrediente, el día había pasado y para crear tal receta necesitaba descansar; pero curiosamente esa noche no pudo dormir, y solo pensó en Carla.

Ansioso por que el sol despertara, miró largas horas su ventana, y a primera hora de la mañana fue a contarle a Carla que su pedido sería concedido, que tenía todos los ingredientes listos y solo le faltaba saber cuándo comenzar. Carla hizo una graciosa mueca con sus labios, estaba nerviosa, pero se armó de coraje y le propuso ayudarlo a cocinar. Ismael jamás había permitido que nadie se involucrase en sus platos, era el típico cocinero celoso, que guardaba sus secretos, pero la mirada de la joven lo convenció y sin importarle compartir sus secretos accedió entusiasmadamente. Esa misma mañana juntos se unieron a crear el plato contra el desvelo.

En el patio de atrás de la casa de Ismael se dividieron las tareas, picaron con cuidado, seleccionaron hoja por hoja, derramaron por las tablas varios gramos de cariño. Y mientras conversaban supieron ver el fondo de varias botellas. El día era especial, todo encajaba perfecto, el sol, la temperatura, el aire; el patio estaba rodeado de pura magia.

Carla sonreía, pero por momentos sus ojos brillaban demasiado.

-¿Estás emocionada?, preguntó Ismael.

-Si, lo estoy, no imaginas cuanto, contestó la joven.

Ismael tragó saliva, y al oído le murmuró: -Anoche, no pude dormir.

         Carla no pudo contener sus palabras, y suavemente le contó que el motivo de sus desvelos era él. Ismael sorprendido ya que no había notado nada, la tomó por la cintura mientras que Carla continuaba pelando naranjas, y simplemente le dijo:

-A las naranjas las elegí pues ayudan a dormir, a sentirnos felices, pero por sobre todo, las escogí por su poder sexual.

Carla volteó bruscamente y en un beso interminable le demostró su amor. La olla hervía y emanaba vapores de cava que suavemente viajaban hacía mi nariz.

De ellos nunca mas supe nada, aunque pienso que no deben haber podido dormir por mucho tiempo mas, siempre los imaginé sufriendo el desvelo juntos. Y desde esa tarde de agosto descubrí mas que una historia una nueva sensación, ahora que he aprendido a respirar fragancias, me paso varias tardes olfateando historias por ahí.

Ya es de noche por aquí, y mientras una a una van pintándose las estrellas en el cielo, aquel aroma que comenzó con pistachos, jengibre, aceitunas y peras va desapareciendo lentamente de mi nariz dejando un rastro a fresco romero y dulces naranjas.

 

Manuela FleitasSafe Creative #0811081260975