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RECUERDOS - (5º PARTE)Para leer el capítulo anterior, pinchar AQUÍ.
– Recuerdos – (5º parte)
Con cuatro o cinco llamadas telefónicas, se despacharon los trámites legales y en menos de una hora, los bisturís comenzaron con el trasvase de recuerdos. Las operaciones fueron largas y costosas, durante más de once horas los cirujanos seccionaron, cauterizaron, unieron y recompusieron cientos de venas y terminaciones nerviosas. Todo parecía haber salido bien, ahora solo cabía esperar unos días para comprobar los resultados. Tras las operaciones, Paul, que era el jefe del equipo médico, se sentó en su despacho para rellenar los informes médicos sobre las intervenciones y ahora, con más calma, releyó las fichas de los dos donantes y las circunstancias de sus muertes en el informe policial. El donante A, era una mujer de veintiséis años, el donante B, era un hombre a punto de cumplir los veintiocho. Al parecer los dos habían muerto ahogados al subir la marea, pero según los datos aportados, aquello no parecía accidental, más bien parecía un suicidio planeado por los dos. Nadie muere en una playa sorprendido por la marea y mucho menos, dos personas al mismo tiempo. Paul, mientras cerraba el informe, pensó que quizás habían cometido un grave error aquel día, y que probablemente, los recuerdos de dos personas que les habían llevado a terminar sus días de este modo, no fuesen los más adecuados para comenzar con dos nuevas vidas. Pero su egoísmo y su afán de reconocimiento en el mundo científico eran demasiado fuertes, y aquellos pequeños detalles sobre el pasado de los donantes quedarían silenciados para siempre. Con el pasar de los días, los durmientes cuerpos de Fabián y Blanca iban mostrando signos de respuesta favorables, parecía que los órganos ajenos a estos se adaptaban poco a poco, la etapa de más riesgo estaba superada. Blanca era observada con un poco mas de atención dado a que las lesiones del accidente no hacían de su estado físico el mejor. Fabián, sin embargo, evolucionaba rápidamente, su cuerpo estaba acostumbrado al castigo, y al ejercicio físico que tanto tiempo hizo en la cárcel. Ahora mientras todos esperaban el despertar, quedaban varias cosas que ajustar en cuanto a su vuelta a la vida, ellos no reconocerían nada anterior a la operación, por lo tanto el apoyo médico los debía preparar para salir nuevamente a la calle. Paul sabiendo cómo habían muerto los donantes, decidió participar en la etapa de rehabilitación, hizo hincapié en que Fabián y Blanca, no debían conocerse por nada del mundo, e inclusive, utilizar los medios disponibles en el hospital para asegurase que eso sucediera. La operación casi era un éxito, y Paul no quería correr riesgos. Fabián abrió los ojos por primera vez luego de dos meses, ni bien comenzó a sentir, su cuerpo se llenó de temblores, las pulsaciones transcurrían aceleradamente, reaccionó en una especie de shock a sus nuevos recuerdos, pero con apenas un calmante recuperaría el control. Le hicieron algunos estudios, algunas evaluaciones psicológicas, e inmediatamente llamaron a los medios. No les importó demasiado si era conveniente, querían asegurarse la primicia y figurar en todo el mundo; Paul tenia sed de fama. Pasarían unas semanas más hasta que despertase Blanca, pero en el caso de ella el alta no sería mediática. En silencio partiría del hospital a su casa, la misma casa de siempre, pero siendo una mujer nueva. Blanca siempre vivió sola y le dedicó mucho tiempo a su hogar, pero esta vez, cuando entró, tras pasar aquellas enormes puertas color rosa viejo, no reconocía nada como propio, igual sabiendo que aquello era suyo sonrió, le parecía bellísima la casa y al instante curioseo todo lo que había allí. Encontró en el dormitorio la puerta que la llevaría al vestidor, se probó la ropa, y por primera vez sintió algo extraño. -Esta no soy yo. Aseguró mientras se observaba en el espejo. Con los días se sentiría ajena a su vida constantemente, nada encajaba con ella, la novedad que había hecho de los primeros días una situación llevadera, comenzaba a esfumarse. La incomodidad de ser alguien que no era, la hacía llorar en cada rincón. Esta mujer era muy sensible, y buscaría la vida deseaba sin medir sus consecuencias. Caminó por la ciudad sin rumbo, luego de un rato vio una tienda de bijouterie donde un gran cartel de venta tapaba casi sin querer otro que decía: cerrado por duelo. Sintió gran atracción por ese local y acercándose a la vidriera, intentó mirar hacia el interior. Parecía una buena oportunidad para distraerse un poco de los pensamientos. Sacó un lápiz de su bolso y apuntó el número telefónico que se encontraba en el cartel. Ahora blanca pasaría varios días distraída y entusiasmada con su trabajo, todo parecía mejorar.
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