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RECUERDOS (8ª parte)Para leer el capítulo anterior en el blog de Sinuhé, pinchar AQUÍ.
– Recuerdos – (8ª parte)
-Estoy buscando a Celia… Ella se sorprende mucho ante esta inesperada situación, estudia con atención el rostro de ese hombre que pregunta por ella intentando recordarlo, pero desiste pronto porque sabe que nunca ha visto esa cara antes. Y ahora, de cara al mundo, debe de actuar de un modo consecuente con su nuevo cuerpo. Incluso por un momento, pasa por su mente que ese hombre forme parte del equipo médico y que tan solo este allí para evaluarla de un modo velado. -Lo siento, esta tienda ya no pertenece a Celia.- Le contesta con el rostro bajo. -¿Y sabe dónde puedo encontrarla? –Le pregunta él notablemente afectado. - Lo siento mucho… Celia… murió hace unos meses… -Le contesta mientras cierra la puerta, para que ese hombre no vea las lágrimas que comienzan a brotar de sus ojos. Esas duras palabras llegan a Fabián acompañadas de una imagen impactante. De repente recuerda ese último momento. El rostro de Celia sonriéndole con ternura mientras que las olas comienzan a hacer imposible el continuar respirando. Su cuerpo se estremece al revivir ese instante de nuevo. …………………. Fabián se da la vuelta y tristemente con las manos en sus bolsillos camina hacia ningún lugar concreto. Parecía que toda su esperanza de que la muerte de Celia fuera solo un mal sueño estaba derrotada. No sabe qué hacer, ni que sentir. El había decidido interrumpir su vida porque no podía concebir una vida si la mujer que le había hecho amar como nunca, la que lo amaba como nadie; el tomó esa decisión aquel día junto al mar cuando Celia decidió no ver mas como el cáncer ganaba la batalla y ahora sucedía lo contrarío, vivía de nuevo pero sin Celia, eso no era lo planeado. Se sienta en el banco de la plaza que le traía tantos recuerdos a esperar que pase el tiempo, que avancen las horas; descansa su energías y piensa que todo debe quedar en manos del destino, hace un esfuerzo para no pensar en su amor aunque sea tan solo un momento, pero baja la vista, ve las tablitas del banco y piensa en todos los besos que se habían colado por allí, recuerda las utopías y los millones de sueños que quedaron sin cumplir. Abraza sus rodillas y oculta su rostro entre las piernas, desahuciado comienza a llorar. Los farolitos de la plaza comenzaban a encenderse, las parejas de enamorados caminaban por los floreados senderos decorando el paisaje, y como Blanca otras personas también optan por regresar a pie luego de trabajar y así tomar aire fresco antes de llegar a casa. Blanca había pasado su día entero sin abrir el local y sin poder salir de allí, pero el anochecer le recordaba mas y mas la soledad, así que decidió despabilarse un poco y terminó en la plaza. Y como Fabián, también comenzó a ver recuerdos en aquel lugar, se sintió atraída al centro de la plaza donde una gran fuente derrama agua y depositaba miles de deseos en forma de monedas. Y fue ahí, frente a los angelitos que expulsaban agua, que notó un precioso banco en el que casualmente estaba el hombre que hacía un rato golpeaba la puerta de la bijouteríe. El lloraba de forma tan desconsolada que Blanca sintió que debía hacer algo y con sus suaves manos le tocó el hombro y acompañó el movimiento con un ¿por qué lloras? La pregunta fue respondida con un abrazo desmedido, aquella mujer que hace un rato le cerraba la puerta ahora le brindaba consuelo. Era una desconocida que se disponía a consolarlo, una perfecta extraña que curiosamente sentía conocer de toda la vida. Por prolongado tiempo se mantuvieron en una unión silenciosa, él quería contrale todo lo que le sucedía, explicarle la confusión de recuerdos, pero temió que ella no entendiese y lo tomara por loco, sabía que era un tanto insólita la tristeza que lo abordaba y prefirió callar evitando de todas formas la posibilidad de que Blanca se marchara. Blanca a su vez, lo miraba con ojos brillosos, aquel hombre vulnerable le atraía, pero ella tampoco podía olvidar sus preocupaciones y angustias entonces todo se mezclaba, tenía muchas ganas de hablar, de contarle que sentía tener recuerdos de otra mujer, pero él no estaba en condiciones de ayudar o de escuchar y por eso ella decidió callar, se mantuvo firmemente en el banco, pues lo que más quería en ese momento era a un amigo, no le gustaba estar sola. La noche comenzaba a disimular las lágrimas, y un niño se acercó vendiendo flores, miró a Fabián y mientras le mostraba un ramo le dijo: - ¿No le regalará una flor a esta bella mujer? No tuvo muchas opciones, le dio las monedas necesarias y le regaló un jazmín blanco que del ramo escogió; y allí surgió la primera sonrisa, primero sonrió Fabián por la picardía del niño y luego acompañó ella por la picardía del hombre. Ese minúsculo gesto mágicamente había borrado la tristeza y sin saberlo conscientemente tenían por primera vez luego de la operación, el primer buen recuerdo propio, el primero desde que llevaban esta peculiar conjunción de memorias propias y cuerpos ajenos.
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