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Comunicación importante sobre el concurso libélulasSe me hace muy difícil escribirles estas líneas, por lo tanto haré mi esfuerzo para ser clara y breve. El día 10 de diciembre he publicado una entrada en este blog donde anunciaba la futura publicación de un libro hecho en equipo con Sinuhé, y a posteriori la apertura de un concurso para que nuestros lectores y amigos participaran. El mencionado concurso y la forma de participar se publicó el día 22 de diciembre y casi inmediatamente comenzaron a llegar vuestros relatos y poemas. Mi anuncio es, que me retiro del proyecto POR CAUSAS DE FUERZA MAYOR, y siento de corazón que vuestra participación quede fuera de este libro. Hace un par de días que pienso en cómo se los diré, y entiendo que hay solo una forma, esta. No tengo palabras para agradecerles el entusiasmo, la dedicación, el tiempo, la imaginación, la alegría que le han puesto al escribir, por lo tanto que entiendan que yo no tomaría esta decisión sino fuese porque no tengo otra opción. Por otro lado tengo la tranquilidad de que saben con la seriedad que me tomo lo que hago, y sobretodo el trabajo de los demás. De igual forma para mí sería un HONOR si alguno de vosotros gustara publicar sus escritos en mi blog y entendería también lo contrario. Saludos, Manuela Fleitas. Jodido diálogocuento.- La manzana te está haciendo caer en la tentación. - No.... con lo corrido.... no tengo apenas tentaciones. - fumando un tabaco... - Y viendo de vez en cuando.....una niña. O un niño.....que pasa jugando........y se detiene mirándome a los ojos..... - Cuando se mira a otros... también se mira uno mismo... las personas son espejos... - Eres lista niña.....escribí....hace ya tanto...sobre eso.......dibujos de sangre negra.... - Y el viejo se ve.... - Se recuerda tal vez.....y sonríe............. - Tiene cara de inocente... pero no lo es... - ........quizás....... - Creo que uso esa palabra mas que otra. Pensaba... quizás la niña... caminara hacia el viejo, y le pidiera el tabaco... y que le enseñase a fumar. La vi... no la imaginé... la vi Y el viejo le enseña a fumar... y le regala un paquete de tabaco... - ............ahora recuerda......que cuando cumplió los 12......pasó a visitar al viejo.....para darle tan enorme noticia........... Encontró una jodida cruz...en la parte trasera........y ya nadie había en el porche...........una botella de mezcal.......a medias.......junto a la silla artesana - Y la niña suspiró... y fue egoísta... sabía que el viejo quería eso........ sabía que el viejo ya quería descansar... pero fue egoísta, pensó en lo mejor para ella, lo quería ver.. O tal vez, esta vez mirar... pero el viejo terco, no estaba, hasta (y no quizás) lo había hecho a propósito para que entendiera que para cada cosa hay un momento... - el viejo ya no estaba... - ….Cometió un error... se tragó el pútrido gusano que flotaba en la botella... - ........................vomitaba.......desde la silla del viejo........no recordó ,ya, su cumpleaños...........no sabía quién era.........pero vio a los niños pasar jugando..........y la niña se sintió anciano........y deseó.....su frescura, su inocencia.... sonreír - Y esperó que algún niño se acercara.. con cara de inocente...y ojitos brillosos... - .....y esperó cien años sentada.....liando tabaco .fumando....bebiendo mezcal.............y esperó su cruz Autor-es: EL BOSQUE CHARLOTTE - FINALMartina con su boca llena de sangre continúa caminando desequilibradamente, fuera de control no se da cuenta que es una psicópata.
El sol brilla seco sobre el Bosque Charlotte, como hacía tanto tiempo no brillaba, la calma se siente en la cálida brisa, la oscuridad desapareció por completo. Martina continúa caminando sin rumbo, quizás intentando huir de ahí, o tal vez buscando algo. Esa macabra mujer no se da cuenta de lo sucedió, no recuerda nada, solo siente dentro de ella una doble personalidad. Dos voces que hablan a la vez cosas distintas, dos almas contrarias y opuestas. Ya no es la misma chica que viajó en tren junto a sus amigos, tampoco lo dejó de ser por completo. Pero entre tantas interrogantes la única certeza que sabe es que nada será igual que antes; que no hay vuelta atrás. Ya cansada de tanto andar está a punto de rendirse, de no seguir transitar mas el camino, pero a lo lejos vislumbra una cabaña. Ella sabe que después de tanto dolor quizás esta sea su única salvación, tal vez la remota oportunidad que le queda. Se hace de fuerzas y continúa un poco mas. Los interminables y pesados pasos avanzan, ahora se encuentra a pocos metros, entonces se acerca precavida y silenciosamente para que no la noten, sabe que habita alguien allí porque humea la chimenea de la cocina a leña. Con disimulo observa por la ventana, contempla a quienes están adentro. No tarda demasiado tiempo en notar que quienes ve son sus amigos, pero con la diferencia que son diez años mas jóvenes. Lo que ve por la ventana es el primer viaje al Bosque Charlotte cuando eran amigos de la secundaria, distingue aquel viaje que tanto recordaban y tan lleno de felicidad. Martina no se atreve a entrar, y cambia de ventana para poder ver mas y desde otro punto. Y de otro ángulo puede verse a ella misma con tan solo diecinueve años, está sentada en el piso y con su cuaderno en mano. Se asoma un poco mas para ver con detalle lo que ella misma escribe. Se encuentra que en el papel detalla con letra temblorosa una lista que contiene en cada reglón, el nombre de cada amigo junto a la forma en que algún día los asesinará uno a uno. La lista del Bosque Charlotte.
MI MEME (O EL MEME DE MANU)
Vanetai me dejó la tarea de responder este MEME; me gustó la idea y me divirtió mucho leer los MEMESES que andaban colgados en varios blogs. Primero busqué la definición de MEME en el diccionario… y no encontré respuesta… en fin trataré de dejar de lado el significado que tiene MEME en la jerga uruguaya y lo completaré. Eso si, que quede claro que queda feo decirle a un uruguayo: ¿me haces un MEME?....
1- ¿Qué te motivó a escribir el blog?
El Blog lo empecé hace casi cuatro años, tenía a mi gorda en la pancita y mi sensibilidad al máximo, pensaba en algunos familiares que viven en el exterior y en que no la conocerían; así que lo abrí con el fin de colgar fotos y compartir. Después al tiempo lo note un poco soso y colgué un texto de Eduardo Galeano, luego con el tiempo se fue dando solo. Un día entro y veo un comentario de un tal Juan (ahora no es tal, es mi AMIGO: Juan), luego del espacio de este llegué al de Ventu… y luego de tanta energía no lo pude parar.
2- ¿Consideras que escribes bien? 3- ¿Cuál sería un adjetivo (o varios) para describir tu blog? 4- ¿Has pensado a veces que se ha vuelto una obligación?¿Cuando? 5- Seguro que hay blogs que no te gustan ¿cuáles? ¿Te atreves a mencionar uno en concreto y decir por qué? 6- ¿Comentas a veces por obligación? 7- ¿Cuál es tu post preferido de este año?
8- ¿Cuál es tu blogger preferido? No valen preferencias afectivas. 9- ¿Temes que algún día tu blog deje de atraer a la gente y dejen de comentar? 10- ¿Qué crees que no serías capaz de escribir? 11- ¿Piensas que un blog es una especie de terapia? 12- Una pregunta que te gustaría contesten tus lectores. ¿Por qué los cementerios tienen los muros tan altos, si los que están adentro no pueden salir y los que están afuera no quieren entrar?
Mis elegidos, siempre y cuando estén de acuerdo, tengan ganas y les divierta Son….
Besos y todo lo demás,
EL BOSQUE CHARLOTTE - CAPITULO 7La cabaña cada vez menos habitada comenzaba a tener vida propia, allí adentro nada era racional, sus paredes desde afuera parecían latir fuertemente como los corazones de sus ocupantes. Los sucesos que cada vez eran mas temibles parecían no afectar a sus miembros. El asesinato de Javier marcaba un antes y un después dado que esta vez había sido provocado conscientemente. Javier terminaría igual que Julia, pero esta vez no esperarían tanto tiempo para degustar el cadáver. El consumo de sangre fresca los transformaba en salvajes carnívoros, no pensaban en nada mas que comer y cada vez les costaba mas zacear el apetito. A Bruno lo dejaron morir allí, nunca supieron exactamente cuándo fue el momento en que murió, tampoco interrumpieron sus brutales actividades por el estupefacto olor que expedía el cuerpo, simplemente lo dejaron allí descomponiéndose. Se habían transformado en monstruos y no quedaba ni un centímetro de lo que habían sido como personas al llegar al Bosque Charlotte. Martina y Mauro era los únicos dos de aquel grupo de cinco, y permanecerían en la cabaña encerrados tan solo un mes mas. Con los cabellos largos y sus cuerpos sucios pasaban los días y las noches enteras sin esperar nada, sin buscar nada. En un atardecer que los fueron atrapados por el sueño posterior a la ingesta o una casi sueño, rechinó la puerta de la cabaña y simplemente se abrió. Cuando notaron que la salida estaba abierta, temieron en escapar de allí, tardaron unos cuantos minutos en hacerlo y con los ojos pequeños a causa de tanta oscuridad vieron con sumo cuidado lo que quedaba del disimulado sol. Caminaron hacía el impenetrable bosque muy despacio, al avanzar unos pocos metros la puerta se cerró provocando un fuerte sonido que espantó a las lechuzas y murciélagos que ya se preparaban para su recorrida nocturna, la cabaña volvió a quedar impecablemente sellada y ellos solos afuera, corrían con desesperación para alejarse de la nube de animales que los sobrevolaban. Aceleraban su paso, cada vez mas agitados, sin tener un rumbo, sin preocuparse por el otro. Martina se detuvo en el momento que no la rodeaban mas las lechuzas y los murciélagos, parada observó a su alrededor en busca de Mauro al que no veía por ninguna parte. Lo comenzó a llamar a gritos, mas que por preocupación por el miedo que sintió al estar sola, gritó con todas su fuerzas varias veces el nombre, sin conseguir respuesta. Volvió en sus pasos pero sin la certeza de estar haciéndolo por el mismo camino andado, permaneció buscándolo por varias horas, hasta que la noche la atrapó y agotada cayó al piso para permanecer allí algún tiempo mas soñando. Con sus ojos cerrados profundamente comenzó a ver imágenes extrañas, flashes que llegaban a su mente con escenas de sangre. Se veía a ella con sus manos en el cuello de Julia, asfixiándola, ahogándola. Golpeaba su cara y mordía sus brazos, aparecían rápidas imágenes del asesinato de su amiga, pero esta vez descubría que el rostro del asesino era su propio rostro, advertía sus manos arañándola y provocándole la muerte. El extraño sueño continuaba en el bosque, sus pies descalzos corriendo sobre las crujientes hojas mientras temblaba de nervios y al llegar a la cabaña cae en un pozo oscuro. Sigue cayendo durante varios minutos y cuando esta a punto de estrellarse contra el piso la escena cambia, ahora tiene un palo en la mano y golpea a Bruno en la nuca, y sigue corriendo, aparta las ramas con sus manos mientras se mantiene en movimiento, salta los troncos caídos a toda velocidad, no se detiene, llega a la cabaña, encuentra que no hay nadie allí, se acuesta cansada a dormir y comienza nuevamente a soñar, ahora ya no está mas en el bosque, en este sueño ella está en la cabaña, con un frasco de veneno para ratas en una mano y una cuchara en la otra dándoselo a Bruno que no se opone. El frasco se cae, golpea el piso, Martina despierta otra vez en la cabaña, pero ahora ya no está mas sola, sus amigos duermen, se levanta en busca de agua, silenciosamente camina hacia la cocina, ve las llave de las puerta y las guarda dentro de su bolsillo, las llaves rozan frías su cuerpo y Martina despierta, al mirar ve el cuchillo atravesando el cuello de Javier, ve como se desangra, vuelve a mirar a su alrededor y se da cuenta que ahora está tirada en el bosque, que Mauro no la acompaña mas y recuerda que llegó allí huyendo de las lechuzas y los murciélagos, quizás piensa que tan solo fue un mal sueño. Aturdida de tanto delirio soñado, retoma la búsqueda de Mauro, no sabe por qué camino ir, pero recorre cada rincón del espeso bosque sin parar, lo llama despernadamente, pone su oreja en la tierra con la intención de oír sus pasos, lo siente, lo escucha, lo huele, Martina sabe que su amigo esta cerca y se dirige hacia donde su instinto la lleva. Sigilosamente como un gato salvaje aparece por sus espaldas, algo toma el control de ella y no puede evitar saltarle por detrás tirándolo al piso y aferrándose enérgicamente lo muerde, el no la puede quitar de encima, ella desesperadamente quiere matarlo. No lo mata, simplemente lo deja mal herido como alimentos para animales de carroña.
EL BOSQUE CHARLOTTE - CAPITULO 6Bruno hacía dos días que no despertaba, se encontraba demasiado débil como para abrir los ojos, Javier que luego de haberse topado con la plataforma no creía ya en la posibilidad de salir, se mantuvo a su lado todo el tiempo; también estaba débil como los demás, pero intuía que el hecho de no poder escapar de ese sitio, solo pronosticaba un desenlace mortal para su amigo enfermo. Los otros dos volvían a hablar sobre comer el cadáver de Julia, y a pesar de la discordancia con Javier cada vez se encontraban mas cerca de un acto caníbal. Era sin dudas algo muy difícil de enfrentar y cada vez que hablaban sobre ello lo que hacían era incorporarlo lentamente, si bien no era simple, la decisión estaba prácticamente tomada. Bruno permanecía tumbado sin enterarse de nada y para no molestarlo mantenían un profundo silencio la mayor parte del tiempo, aunque los sonidos exteriores cada vez se sentían mas fuertes y ahora se podían distinguir gritos y llantos que viajaban misteriosamente haciendo ecos en las copas de los árboles. Dormir de este modo era un sinónimo de pesadillas, las cuales sucedían frecuentemente y al despertar se mezclaban con la realidad. A pesar de que entre ellos había mucha tensión, continuaban manteniendo los turnos, jamás se dormían todos a la vez, eso era algo que ya tenían aprendido luego de los acontecimientos consumados. Así que esperaron que fuese el turno de Javier para luego, en la mañana cuando este durmiera, tomar una parte del cuerpo de Julia. Mauro desde aquel día que en el baño fraccionó a su amiga para conservarla en el refrigerador, no había vuelto a pensar en el tema, parecía en ese entonces algo culminado y enterrado para siempre. Pero ahora debía enfrentarlo otra vez, aunque fue muy claro con Martina: –Esto lo haremos los dos–. Y así tomaron una de las bolsas plásticas y se dedicaron a seleccionar una parte, en silencio y tratando de no pensar en lo que estaban haciendo, para luego después de limpiar las pruebas del episodio, esconderse en el baño y culminar sus actos. Para Martina hubiese sido mas fácil hacerlo sola, pero su amigo no estaba de acuerdo con eso, el quería que lo hiciesen los dos o de otra manera no lo haría ninguno. Así que sentados en el piso del pequeño baño, ingirieron poco a poco lo peor, unos gramos de su amiga. No tardaron mas que media hora allí y cuando salieron Javier continuaba durmiendo, así que no se enteró y tampoco se lo dirían, continuaron alimentándose durante varios días mas, buscando la manera de que en ese limitado lugar se mantuviera el secreto. Pero entre tanta obsesión y cautiverio este hombre no tardaría mucho en sospechar que algo extraño sucedía, el no podía prácticamente moverse por la falta de ingesta, y sin ser por Bruno que casi agonizaba, los demás parecían recuperase día a día. Se mantendría lo mas atento y desconfiado posible en las siguientes jornadas, observaría los detalles al máximo para comprobar que efectivamente se alimentaban del cuerpo de Julia y aunque sus amigos caníbales sabían que este sospecharía y tomaban todo tipo de recaudos, no pasaría demasiado tiempo para que Javier lo confirmara, ya que permanecían juntos las veinticuatro horas del día, de una forma u otra se iba a enterar. Así que en plena oscuridad de la noche por casualidad despertó, no había casi luz ya que las velas escaseaban y a menos que fuese sumamente necesario no las encendían, apenas podía vislumbrar las sombras que se relejaban con la escasa luz de luna que se colaba por el roto techo, apenas podía ver algo, pero lo que observó fue suficiente. Mauro y Martina cortaban con empeño un parte de su amiga, parecían poseídos, totalmente fuera de sí, el cuchillo desafilado y la dificultad de seccionar con este, generaba una situación macabra, que por la naturalidad con que la efectuaban hasta parecían disfrutar del momento. Al ver esto no soportó y acumuló de si todas las fuerzas para evitarlo, se paró de la cama y venció el mareo, se acercó a ellos que aunque lo vieron levantarse continuaron con su acto. Se paró frente a Mauro y lo tomó del cuello presionándolo vigorosamente, mientras este intentaba quitarlo y le comenzaba a faltar el aire, Martina era un simple testigo que observaba y pensaba que hacer. Forcejaban en condiciones desiguales y el mareo venció a Javier, este no pudo continuar apretando con tanta fuerza y cuando casi se cae, la testigo toma el cuchillo y oxidando su cuello le pone fin a su vida. Mira a Mauro y sonriendo sarcásticamente le dice: –¿Qué pensó? ¿Qué nos comeríamos a Bruno? Si él está enfermo y nos sabemos que es lo que tiene. Ahora sí, será mas fácil continuar–.
EL BOSQUE CHARLOTTE - CAPITULO 5Habían pasado casi un mes desde aquella tarde en la estación de tren, la aventura de reencontrarse evolucionó en forma de tortura, y con los rostros pálidos y demacrados por tanta oscuridad y angustia ya casi no dialogaban. Bruno continuaba enfermo tirado en la cama, la locura dominaba la razón. Comenzaban a no soportar el hambre, las tripas actuaban como el resto de cada una de las partes del cuerpo y por separado, como si se tratase de seres individuales, ya nada tenía algún tipo de lógica. Era todo puramente instinto. En uno de los cientos de intentos de escape, Javier comenzó a retirar un par de tablas del suelo, con una cuchara en mano planeaba cavar un pozo hacía afuera, quizás de esta manera al fin pudieran encontrar la libertad, pero renunció a la idea cuando encontró debajo de la madera un nido repleto de babosas grises. Su cara se transformó en alegría y exaltado llamó a Mauro y Martina que enseguida se dieron cuenta que lo que había encontrado allí era su próxima comida. –¿Quieres que comamos esto?– preguntó con asco Martina. Pero no era necesario responder a esa pregunta, ya que tampoco cabía lugar a la repulsión; estaban transitando por un delgado hilo entre la vida y la muerte, ya no se trataba de que alimento se comiera sino que simplemente había que comer. Sin dar mas vueltas alimentaron a su amigo enfermo, las pegajosas babosas se introdujeron en la boca afiebrada, y Bruno tan siquiera supo que comía, ni que sabor tenían. Luego Mauro las introdujo con rapidez y sin pensar, las masticó unas pocas veces y las tragó con naturalidad. Javier replicó la valentía de su amigo y trago junto a las babosas cualquier tabú existente. Sin embargo la única mujer del grupo no podía hacer frente a las circunstancias, intentaba ponerlas en su boca pero el rechazo era enorme, hacía arcadas y no podía; Javier la abrazó con fuerzas y le dijo: –tienes que hacerlo, no hay opción– y aunque ella tenía bien claro esto seguía sin poder hacerlo. Pasaron pocos minutos que parecieron eternos, Mauro tomó las babosas de Martina y las metió en su boca, los dos quedaron mirándolo sin poder reaccionar, pensaron que el comería el alimento para ella, pero Mauro solamente mostraba su valentía otra vez. Masticó las babosas y luego se las ofreció en un estado menos asqueroso, aunque parecía raro que un alimento masticado por otro fuera menos inmundo, pero en este caso lo había logrado. Martina tomo el puñado y lo tragó sin tener que masticarlo. Pasaron la siguiente semana buscando este tipo de alimentos y así no solo conseguían alimentarse, sino que también distraerse. Cada vez era mas fácil digerir este tipo de comida, y habían logrado bromear con ello. Pero los insectos comenzaban a escasear y la ansiedad de tener hambre era insoportable, sus estómagos ardían y comenzaban a sufrir de úlceras. Por momentos parecían masoquistas, pues se entretenían recordando deliciosos platos y comidas en común. Recordaban su vida anterior, que cada vez se sentía mas lejos; las palabras positivas no sonaban ya tan a menudo, y eran pocas las veces en que alguno intentaba salir de allí. A Javier se lo veía últimamente muy preocupado, mas de lo normal ya que algo hacía que no se pudiese concentrar en ningún diálogo, Mauro y Martina especulaban que podía ser por el estado de Bruno que ya llegaba al extremo. Se concentraron en observar todos sus movimientos con cuidado y detalle, tenían miedo de las acciones de este, estaban un tanto obsesivos y desconfiados. En una oportunidad que fue al baño decidieron hacer turnos para cuidar a Bruno de Javier, la extrañeza en las actitudes de este hacía que llegaran a este punto; pero equivocados estaban y se dieron cuenta el motivo de la preocupación, cuando Mauro decidió entrar al baño y lo sorprendió comiendo sus propias heces. Era impensable que algo los sorprendiera y horrorizara a esta altura luego de todo lo vivido, pero esta situación logró hacerlo, aquello no provocaba asco sino una gran sensación de humillación, bajeza y desesperación. No podían entender como Javier había llegado a este estado, y este salió del baño con su cabeza baja llorando, derramando lágrimas como no lo había hecho hasta ahora, sabiendo que lo que se había herido era la dignidad y que jamás lo verían igual sus amigos. Se sentaron los tres en la mesa, ninguno hablaba, no habían cartas, ni libros, solo miradas que castigaban el juicio de Javier y por mas que pensaron en decirle mil cosas, de ninguna boca salió nada. El condenado sabía lo que sus amigos pensaban, pero no se defendió, guardó silencio y esperó que fueran ellos los que hablaran. Permanecieron por tres horas allí inmóviles, preguntándose, respondiéndose, solucionando y aceptando todo sin hablar, cada uno en secreto con sus convicciones e ideales. La única mujer del lugar, que se caracterizaba por su delicadeza y suavidad, tiró con furia la silla contra la pared. Comenzó a romper todo lo que había en su camino, descargó toda su ira y violencia con lo que la rodeaba; ninguno de sus dos amigos la intentó detener y ni siquiera le preguntaron algo. Pero Martina ya no guardaría mas silencio, y luego de de desahogar su rabia, se sentó nuevamente, miró fijo los ojos de sus compañeros y dijo: –no nos queda otra elección que comer el cuerpo de Julia, sino moriremos pronto de hambre. Lamento ser yo quien lo tenga que decir, pero así están dadas las cosas.– El silencio volvió a ganar terreno y pese a lo duro de sus palabras de inmediato exigió que cada uno hablara al respecto. Mauro expresó que ya lo había pensado varias veces, y que antes quería pasar por el punto mas extremo, creía en la posibilidad de salir de allí sin llegar a eso, pero entendía que el momento había llegado y el resto parecía una absurda ilusión. Pero al contrario Javier se negaba absolutamente, y no podía creer lo que decían sus amigos. Se retiró de la mesa sin dar crédito a lo oído, se acostó junto a Bruno y simplemente se durmió mientras lo abrazaba. Aparentemente no se hablaría mas sobre alimentarse con el cadáver, pero eso no significaba que dejaran de pensarlo, así que a la mañana Javier utilizó los restos de la silla destrozada y muy decidido comenzó a hacer en los extremos de los palos, unas puntas para escarbar la tierra que se encontraba debajo de las tablas del piso. Planeaba si o si cavar un pozo y escapar de allí. Pasó un día y medio sin parar, los demás solo lo miraban asombrados, parecía producto de la ilusión la fuerza que sacaba de su interior para escarbar. Pero pronto todo el entusiasmo sucumbiría, al llegar a un metro de profundidad, pues una plataforma de acero interrumpió su camino.
EL BOSQUE CHARLOTTE - CAPITULO 4Permanecieron en aislamiento dentro de la cabaña por dos semanas mas, con el pasar de los días intentaban no desesperarse y actuar con la cabeza en frio, las cerraduras continuaban selladas y las llaves pese a que las buscaron todo el tiempo, no aparecieron en ningún lugar. El cuerpo de Julia estaba descomponiéndose y la sal no lograba conservarlo mas, así que pensaban entre cada llanto en cómo solucionar el tema del cadáver que ya no solo era un problema psicológico. En la cabaña contaban con una antigua heladera General Electric que funcionaba con un motor de kerosene, era pequeña y no la estaban usando, ya que por mas que intentaban racionalizar los alimentos estos eran muy escasos; así pues tomaron la decisión de colocarla dentro del aparato, pero su cuerpo era mas grande, además de encontrarse demasiado tieso para maniobrarlo. No había otra solución que trozarla, y para ello no había ningún voluntario. Luego de debatir el tema intensamente, sabían que no se trataba solamente de algo moral, religioso, sino simple sobrevivencia, su amiga se descomponía y las condiciones de salud de cada uno eran delicadas, aunque en el caso de Bruno ya era un tanto extrema. Entre Javier y Mauro tiraron una moneda que echaría a la suerte quien lo haría; Mauro sería el desafortunado que con utensilios arruinados destrozaría a su amiga para contrariamente conservarla. Encerrado en el baño Mauro debía hacer algo que jamás había imaginado en su vida, lo mas terrible desde su existencia; cortar a su amiga muerta. La había colocado dentro de la bañera, miraba el escenario, la situación y de ninguna manera podía hacerlo, las nauseas hacían que cada tanto el tuviese que salir del cuarto de baño, a lo que los demás le preguntaban si ya había terminado. Mauro lloraba, se golpeaba la cabeza contra los azulejos, pensaba que lo mejor era terminar con eso de una vez, se convencía a sí mismo de que era por ella, que no era un asesino, que no tenía mas remedio que ser valiente y evitarle la situación a los demás, le dio mil vueltas al asunto para terminar sintiendo que lo haría por el resto, prendió un cigarro y con el cuchillo en la mano comenzó. Afuera del cuarto de baño la espera era tensa; no querían preguntar si se encontraba bien ya que sabían cuál era la respuesta, tramaban entre cuchicheos que decirle luego de que saliera, pensaban en cómo actuar, intentaban mantenerse fuertes, pero por momentos los llantos ganaban. Bruno deliraba en fiebre, su mal estado de salud lo colocaba en una situación un tanto alejada de lo que sucedía allí, ya hacía un par de días que las alucinaciones cobraban vida propia y comenzaba a decir frases macabras, anunciando reiteradamente la muerte de todos hasta llegar al punto de tornarse violento. Parecía otra persona y en su locura febril le había gritado durante las largas horas que Mauro estaba en el baño, cosas espantosas; entre las muchas lo llamaba torturador, psicópata, asesino… fue tan exagerado el estado de provocado por la fiebre, que lo amordazaron para que en el baño Mauro pudiera continuar. A las dos de la madrugada el silencio del bosque se interrumpió, desde el cuarto de baño, se escuchaban llantos desgarradores, Martina no soportó mas y sin pensar abrió la puerta. Aquello no tenía comparación con nada conocido, el pequeño lugar era una carnicería; Mauro se encontraba completamente cubierto por los pocos fluidos que expulsaba el cuerpo de Julia, estaba en el piso, abrazado a una parte de su amiga muerta, ya había hecho lo que debía hacer, ahora no tenía vuelta hacia atrás en el tiempo, se sentía tan arrepentido y a su vez tan familiarizado con la muerte que por primera vez no le temía. Martina en milésimas de segundos vio todo eso, fue fuerte y llamó a Javier, este lo tomó por debajo de los brazos y lo saco de allí. Todo había cambiado tanto en tan poco tiempo, ahora hacían cosas impensables, inimaginables, a tal punto que fue Martina la que con bolsas plásticas envolvió a Julia y la colocó en el refrigerador sin siquiera pestañear, fue la misma que luego limpió el baño con un pequeño paño y un poco del agua que les quedaba en ese calvario intentando quitar cualquier marca de lo que allí había sucedido. El Bosque Charlotte tenía vida propia, no cesaba de llover, y la vegetación se convertía en selvática. La cabaña estaba rodeada de enredaderas, cada vez mas atrapada y devorada por la naturaleza que ya casi no se podía diferenciar entre las plantas. La humedad densa invadía el aire y consumía el poco oxígeno. El agua con sabor a hongos amargos que se colaba por el agujereado techo de chapa era acumulada en recipientes, siendo la única conexión con el exterior, siendo la única posibilidad de vida. EL BOSQUE CHARLOTTE - CAPITULO 3El desgarro que sintieron al verla muerta comenzó a aumentar al comprobarlo efectivamente, Julia estaba completamente desnuda y llena de violáceas marcas, su cara expresaba sufrimiento y horror, la sangre se diluía entre el caudal del río haciendo del escenario algo escalofriante y nauseabundo. No había forma de entender lo que sucedía, de ninguna manera había forma. Sus amigos necesitaban sacarla de aquel espantoso lugar, la cubrieron con sus propias prendas y la llevaron a la cabaña; el Bosque Charlotte no era un lugar seguro, y aunque el dolor paralizaba estaban convencidos que tenían que huir de allí. Decidieron preparar el cadáver de Julia para el viaje a caballo, pero los caballos ya no estaban, las cuerdas que los amarraron durante la semana aparecieron sobre el suelo cortadas en mil pedazos. Martina comenzó a desesperarse, rompió en llanto sin que nadie la pudiera frenar, Bruno se sentía muy mareado y quizás por la muerte, el miedo y el golpe no podía dejar de vomitar. Mauro, gritaba un tanto agresivo. Javier no paraba de murmurar: –Estamos acorralados, estamos acorralados– Dominados por el temor tomaron las llaves y giraron las cerraduras de las antiquísimas puertas y ventanas hasta dejarlas del todo selladas, la imagen de la madera apolillada y el hierro forjado de las rejas coloniales daban un aspecto oscuro y a prisión, mientras que el cadáver de Julia se encontraba destrozado sobre la cama. Las velas se extinguían junto a los ánimos y esperanzas de salir vivos de allí. Afuera se escuchaban sonidos extraños, y ninguno se atrevía a mirar. Pasaron la noche limpiando el cuerpo de Julia. Martina la peinó y Javier le contó cuentos bellos para que marchase en paz. Estaban todos a centímetros de distancia, con un inmenso dolor, despidiéndose de la pequeña consentida del grupo. Esa noche nadie durmió, pero entre alucinaciones de sueño lograron conectarse con las experiencias vividas por Julia en sus últimos momentos, y aunque todos vieron lo mismo, nadie pronunció en voz alta nada sobre el inmenso dolor y lo horrible que vivió. A la mañana siguiente cuando iban a salir a pie, las llaves no estaban. El olor era insoportable; intentaron de mil maneras romper la vieja madera de las paredes, pero no había forma. Bruno decía que no veía nítidamente y se sentía muy mal. Javier y Mauro estaban invadidos por la angustia y ya no podían pensar en nada. El hacha había quedado fuera de la cabaña, y Martina con un cuchillo desafilado y viejo intentaba raspar la madera, desesperada quería salir de allí, arañaba las paredes, las golpeaba y gritaba. Luego de mil intentos desistió y comenzó a tapar el cuerpo muerto de Julia con la sal que se hallaba en los sacos de los cazadores, de manera tal de evitar que siguiera creciendo el hedor. Martina se sentía culpable, nada de esto hubiese sucedido si no hubiese sido porque insistió en reencontrarse, la muerte de su amiga le pesaba en la conciencia, ya nada sería igual por su culpa. Estaban los cinco juntos, pero muy lejos de la felicidad; vivían una situación límite nunca imaginada, estaban allí encerrados y con miedo, sin ningún tipo de comunicación con el exterior. Se encontraban lejos de lo que significaba vivir, solo intentaban continuamente sobrevivir.
Concurso para el libroA escribir se ha dicho.
Hola amigos, como ya os contemos hace unos días Sinuhé y yo comencemos hace unos meses el proyecto conjunto de publicar un libro. Prácticamente tenemos ya todo el trabajo hecho y tan solo faltan algunos pequeños detalles. Este libro, que a los dos nos llena de ilusión, será una pequeña recopilación de los cuentos, relatos y poesías que durante los últimos meses hemos publicado en nuestros blogs. Este mundo virtual de los spaces ha sido el horno donde lentamente se han ido cociendo nuestras ideas y todos y cada uno de vosotros, habéis sido los condimentos perfectos de cada párrafo, de cada idea y de cada sentimiento escrito. Vuestros comentarios y vuestro apoyo han sido la sal y la pimienta que han hecho posible que este pequeño sueño, en breve, se pueda convertir en realidad. Por eso, os queremos brindar, a modo de pequeño juego, la oportunidad de participar en este libro. Os proponemos un pequeño concurso de relatos y poesía. La cosa será bastante sencilla, al final de este post están nuestras direcciones de correo, donde podréis enviar vuestras propuestas. El tema, tanto del relato como de la poesía, deberá de girar entorno a las libélulas, en el caso de los relatos, no deberán de exceder del tamaño de una hoja de Word, con fuente tipo Times New Roman y tamaño 12. En la poesía, las condiciones son las mismas. El tema que hemos elegido, las libélulas, es debido a que el libro estará encabezado por dos relatos nuestros con las libélulas como protagonistas. De modo, que dos colaboraciones vuestras con el mismo tema serán el cierre perfecto. A mitad de enero más o menos, publicaremos los trabajos que nos mandéis en nuestros blogs y elegiremos el relato y la poesía que pasarán a formar parte de nuestro libro. Os animamos a todos a que mandéis vuestros escritos. Sinuhé y yo estaremos encantados de disfrutarlos y queremos agradeceros, de antemano, vuestro apoyo y vuestra amistad en este mágico mundo idílico, que es el de las letras. Fdo: Sinuhé Gorris & Manuela Fleitas Emails: sinuhegm@hotmail.com michsegu@hotmail.com Asunto del correo: libélulas EL BOSQUE CHARLOTTE - CAPITULO 2.Con cinco viejos caballos y una gran tormenta que se aproximaba llegaron justo para la hora del desayuno, aunque este se postergó juntándose con el almuerzo. La cabaña del Bosque Charlotte estaba completamente sucia, llena de insectos y telas de arañas, dándole un aspecto tenebroso, parecía que nadie mas había estado allí, excepto por la cantidad de objetos olvidados por los cazadores que hacían base en el lugar y entre ellos la gran cantidad de sacos de sal que utilizaban para conservar a sus presas; pese a eso, aún resonaban las risas de los cinco que se mezclaban con el chillido de las cerraduras oxidadas, aún se podía sentir un poco de aroma a joven entre tanto olor a viejo. La tormenta los alcanzó, y la lluvia apenas les permitió juntar leña para poner en marcha la antigua cocina de hierro, la tarde era ideal porque tenían la mejor excusa para conversar y jugar a las cartas. Julia preparó sus deliciosos buñuelos de lechuga y bocaditos con jamón; los ingredientes habían viajado en tren varias horas junto a ellos, y era parte de lo folclórico del lugar pues allí había que ingeniarse para sobrevivir, de alguna manera se aplicaban todos los conocimientos natos que tiene el ser humano para perdurar; las habilidades y enseñanzas que heredamos de toda la evolución humana junto a nuestro genoma; y quizás de lo mas importante, el trabajo en equipo. Así que tenían algunos comestibles pero no tantos, básicamente había que subsistir. La lluvia duro cinco días, a pesar que era época de sequia, el sotobosque se había vuelto muy espeso y húmedo, y por el desorden de las ramas de los árboles apenas se lograban colar unos pequeños rayitos de sol. Javier como siempre tomó la iniciativa, propuso salir en busca de ingredientes o cualquier cosa que se pudiera cocinar, los dividió según la misión; él saldría con Julia en busca de alimentos, Mauro iría quejándose a recoger agua del río para beber y bañarse. Bruno traería mas leña y Martina se quedaría sola limpiando aquello que llamaban cabaña. A mediodía llegaron Javier y Julia, bastante frustrados por no haber conseguido demasiado para cocinar, tan solo unas gallinas silvestres y algunos guisantes agrestes. Mauro al contrario trajo bastante agua, con tal de no tener que volver a salir. Martina que era un poco obsesiva con la limpieza, había cambiado el lugar, y advertía continuamente sobre el no desordenar, ya que claramente se la veía cansada. Bruno no llegaba aún, y pasadas un par de horas, todos se comenzaban a preocupar. La oscuridad del bosque no sabía de horas y por ello aunque parecía ser de tarde se veía casi lo mismo que en la noche; Bruno en el grupo era el mas callado, siempre volando en su mundo interno tenía la capacidad de abstraerse por momentos de todo el resto, muchas veces le hablaban y él distraído no contestaba, era el típico “divagante” por eso no parecía demasiado extraño que tardase en llegar, pero aún así, salieron todos en su búsqueda. Tardaron casi cuatro horas en hallarlo, ya los nervios había llegado al extremo, y a dos quilómetros lo encontraron tirado entre los matorrales, desmayado e inconsciente. Parecía que se había golpeado con una rama que yacía junto a él, sus amigos investigaban si había caído del árbol que estaba allí, para conocer el grado del golpe, pero el árbol que acompañaba no era de la misma especie, así que sin saber la gravedad lo cargaron en brazos turnándose hasta al fin llegar. Bruno tenía una fea contusión en la nuca, y grandes derrames sanguíneos en sus córneas, sus amigos lo recostaron sobre la cama con cuidado, colocaron su cuerpo en posición horizontal y trataron de despertarlo mojándole el rostro con agua fría. La noche fue muy tensa ya que no podían salir en busca de ayuda por lo inaccesible del bosque y porque aquel amigo paso toda la noche sin abrir los ojos. Al despertar el sol, despertó también Bruno, que no recordaba absolutamente nada de lo que había pasado el día anterior, tan solo sentía dolor de cabeza y una extraña sensación a miedo. Parecía encontrarse bien, pero Mauro insistía con que tenían que volver, que las cosas no parecían fluir naturalmente, decía continuamente: –desde que hemos llegado todo va de mal en peor–. Pero el resto, incluido el accidentado, insistían en quedarse. No predominaba para nada el sentido común. Ahora con las emociones al máximo comenzaban a notarse las sensibilidades; a Martina le tocaba cocinar las gallinas, pero se negaba a matarlas y desplumarlas, Javier que no dudó en manifestar que lo haría y tomar un hacha, se encontró con el llanto de Julia que decía –¡Eres una bestia, no puedes hacerles tal crueldad!– Y así con mucha hambre y nervios comenzaban a perder el equilibrio, ya no lucían tanto como un equipo, parecía que con las dificultades las cosas no andaban tan bien. Así que todos enojados entre sí, almorzaron y luego durmieron la siesta; la noche anterior había sido muy larga. La siesta perduró mas tiempo del planeado, el único que cuidó su sueño fue Bruno, que sabía que luego de aquel misterioso golpe no era muy recomendable dormir muchas horas de corrido, así que colocaba el despertador cada quince minutos, nadie notaba el sonido del mismo y parecía que tampoco notaban alguna otra cosa, porque en unas de sus interrupciones del descanso, Bruno notó que faltaba Julia. Despertó rápidamente a todos, y salieron en su búsqueda; la tormenta se había adueñado nuevamente del bosque y por mas que especulaban con el enojo de Julia acerca de cómo matar las gallinas, en el fondo sabían que algo extraño pasaba. Volvieron a la madrugada sin haber encontrado a Julia, todos juntos abrazados y llorando, las cosas andaban mal, y por mas que ahora si pensaban en salir en busca de ayuda, tenían miedo de separase y no querían dejarla sola en aquel horrible bosque. Pues al final decidieron esperar que cesara un poco la lluvia y salir nuevamente con esperanzas de encontrarla. –Mañana seguro la encontraremos– esta vez, mas optimista dijo Mauro. A primera hora salieron nuevamente, recorrieron todos los rincones, cada segundo que pasaban sin encontrarla aceleraba sus latidos un poco mas, agitados, desconcertados, buscaban hasta por debajo de las rocas, habían solo dejado un lugar para el final, quizás porque inconscientemente sus amigos sabían que era el último lugar donde la querían buscar, pero no les quedó otra opción que ir al río. El río luego de varios días, al fin estaba calmo; cantaban los insectos en él mil melodías, los árboles provocaban un eco infinito y tenebroso, nada parecía normal, y el aire traía continuamente esa sensación. Los amigos tienen esa unión y capacidad de saber cuando algo no anda para nada bien. Así que cuando la vieron muerta al borde del río ya nada se podía explicar. EL BOSQUE CHARLOTTE - CAPITULO 1Habían quedado de verse al caer la tarde en la estación de tren, tras dos meses de planificar el viaje se encontrarían justo media hora antes de lo que marcaba el boleto para partir. Hacía por lo menos diez años que no se veían. Ellos se conocían de la secundaria, donde algo los unió de manera especial; “el grupo de los cinco” (como los llamaban) era inseparable en esa época, pero con el tiempo las diferentes carreras universitarias y distintas opciones rompieron la unión. Javier se había propuesto volver a unirlos, después del divorcio y mientras se llevaba los objetos personales de lo que alguna vez fue su casa, encontró las fotos de aquellos amigos y sintió la falta, pero por sobre todo sintió la fuerza para buscarlos. Tras comenzar la búsqueda, con la primera persona que tuvo contacto fue con Martina, que casualmente por problemas personales hacía unas semanas había vuelto al pueblo y a vivir a la casa de sus padres. Martina se alegró al escuchar su voz, lo poco que le llegó a contar a Javier fue sobre la cantidad de veces que trató de encontrarlos, pero no mucho mas, tenían diez años que contarse pero poco tiempo para ello, debían continuar la búsqueda. Pasaron la tarde en un cibercafé, navegaron por cientos de páginas, telefonearon a informes de guía y contactaron con conocidos en común. En dos días los cinco habían tomado contacto y quedaban de encontrarse en el centro a tomar un café. Bruno, que fue el primero en llegar; normalmente era un tipo duro y seguro pero esa tarde estaba repleto de nervios. Pidió un cortado y jugó con la cuchara ansiosamente. En cuestión de minutos fueron llegando los demás, dialogaban y se miraban con detalles, estaban muy entusiasmados con el reencuentro. Julia sacaba fotos con su polaroid, necesitaba asegurarse de que ese momento perdurara, ella era la mas pequeña del grupo y durante los últimos diez años, se había sentido un poco desprotegida por la falta de sus mejores amigos. Solo faltaba Mauro, que además de caracterizarse por impuntual también era recordado por su mal humor, este casi siempre se quejaba de todo. Y así llegó, tarde, y protestando por el tránsito, el tiempo y alguna cosa mas; desde la mesa se miraron el resto y sonrieron con complicidad. Ahora sí, el grupo de los cinco había vuelto a sus andanzas. Tenían mucho para contar y casi era imposible entender algo, las conversaciones se cruzaban de un lado a otro, ruidosas y sin sentido, pero a pesar de eso se notaba de lejos que seguían siendo los mismos durante todo este tiempo. Julia interrumpió golpeando la cuchara en la taza, puso orden y comenzó a contar anécdotas del viaje de egresados que habían hecho al Bosque Charlotte, comenzó a contar, pero el entrevero de palabras volvió a ganar protagonismo, sin dudas aquel viaje era imposible de no recordar. El Bosque se encontraba a diez horas de la cuidad, en el medio de la nada, y sin ningún servicio como ser luz eléctrica, agua potable o teléfono. Habían ido a parar ahí por simple casualidad cuando tenían un promedio de diecinueve años, en ese lugar pasaron los tres meses de las vacaciones de verano para así despedirse del secundario, luego continuarían los estudios universitarios, cada uno por separado. Aquel apartado lugar les traía recuerdos completos, de esos que venían cargados de aromas y tacto, solo recordarlos los rejuvenecía diez años, por lo cual no pasó mucho tiempo en que alguno, o mas concretamente Martina, propusiera volver a El Bosque. Todos rieron y ella continuó insistentemente, hasta que finalmente aceptaron. Y ahí estaban dos meses después del café llegando a la estación de tren cargados de mochilas llenas de cacharros e ilusiones. El tren partió puntual, viajaron un poco mas de diez horas hasta el pueblo mas cercano, llegaron en plena madrugada para hacer un poco de tiempo, aún no había nadie despierto y debían alquilar unos caballos para hacer el trecho que les faltaba. Como en los viejos tiempos Mauro esperó al sol, con su petaquita de whisky en honor a aquel año 1978, el resto durmió en los bancos de la estación mientras que este alucinaba de tanta nostalgia. Había una vez...Hace un tiempo algo cambió, lo que era un simple blog se transformó en algo mas. Esa maldita necesidad que uno tiene de perseguir los sueños hasta cumplirlos, maldita solo porque los sueños quitan el sueño. Hace poco tiempo que escribo, pero soy tan ansiosa que sin considerarme escritora necesitaba materializar las letras en papel. Fue Juan el que me insistió en que escribiera, y fue Miguel Ángel el que me enseño lo que es tangible e intangible… esa combinación hizo que mi sueño terminara en un capricho: ¡quiero editar un libro! Pero algo me decía que no debía hacerlo sola, no fue falta de confianza, no sé quizás una simple intuición. Di mil vueltas en el asunto e invité a algunas personas. Por diferentes razones los que estaríamos en ese libro quedamos reducidos a dos. Sinuhé y quien escribe. Llevamos algunos meses con este proyecto y sé que los dos estamos muy entusiasmados. Espero no hablar de mas, pero creo que Sinuhé no estaba tan convencido del proyecto o de sus repercusiones al principio. Ahora como yo suelo ser bastante contagiosa cuando tengo alguna idea en mente… jeje…todo eso cambió! Mmm como se dice… ¿entusiasta? Pocos saben del embarazo del libro, y ya era hora de hacer pública esta noticia, pues en cualquier momento el pequeño nace. Muchas veces pensé que nacería por cesárea, pero por lo que ha dicho el médico será un placentero parto… de esos sin dolor. Es que el libro se fue armando solo, hoja por hoja, todo coincidió. Su contenido es básicamente nuestras entradas de blog, pero con cierta armonía y alguna que otra cosa mas. Pero el libro no es “nuestro”, el libro nace gracias a todos ustedes. Es de ustedes. De quienes leen, comentan, nos mensajean… etc, etc. Por lo tanto siempre pensamos en como haríamos esa mención especial (que no se la diremos ahora, o en todo caso tendrán que comprar el libro jeje) y de cómo demostrarles lo enormemente agradecidos que estamos (supongo que Sinuhé siente igual jeje). Así que esta historia Recuerdos que hemos publicado unos días atrás, fue como una antesala al libro, para mostrarles como trabajamos en equipo. Pero aún falta lo mas importante del libro, faltan las páginas donde se involucran, nuestros amigos. Así que ya sabrán con detalles las bases para un concurso en el cual queremos escoger letras de ustedes para completar el ciclo… para terminar de darle el amor que necesita antes de nacer. El niño tiene madrina, Majo, que es una mujer sensacional y así le prometí hace mucho tiempo que sería (Majo te quiero). También una brujilla amiga recibirá su ejemplar debidamente dedicado (y gratis) por lo gran amiga que es… y aunque podría agregar mil razones mas, será solo por esa, por lo gran amiga que es (yo te quiero mas, y que se sepa!). Además hay un regalo incluido en el libro, un regalo que me hizo Soul, y aunque ya sé que los regalos no se regalan… ella me dijo que hiciera lo que quisiera con ese verso del alma. Así que allí estará… (Soul, eres fantástica). Sin dudas que me quedan mil cosas por contarles, pero sé que ninguno es tímido y el que quiera saber mas preguntará jeje (para mí es un placer contestar). Gracias a todo esto, conocí a un gran amigo, conocí un poco mas a fondo a Sinuhé, que no solo me hizo reír, sino también me mostró el camino correcto varias veces… me bancó, y a la distancia puso su hombro para que llorara en momentos difíciles. Para eso no tengo palabras de agradecimiento… solo que sepa que me alegra hacer este proyecto con él. Todo esto (el libro) ha sobrepasado las barreras del blog (¡y cuanto!)… poco a poco irán sabiendo mas novedades… de lo que es “nuestro primer libro”. Gracias por estar, SIEMPRE!. Hormigas Urbanas>
Hormigas urbanas que caminan por la ciudad,
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– Recuerdos – (FINAL)
No tuvo muchas opciones, le dio las monedas necesarias y le regaló un jazmín blanco que del ramo escogió; y allí surgió la primera sonrisa, primero sonrió Fabián por la picardía del niño y luego acompañó ella por la picardía del hombre. Ese minúsculo gesto mágicamente había borrado la tristeza y sin saberlo conscientemente tenían por primera vez tras de la operación, el primer buen recuerdo propio, el primero desde que llevaban esta peculiar conjunción de memorias propias y cuerpos ajenos. Pero el dolor de Alejandro en esos momentos era tan profundo que aquel gesto le hizo sentirse completamente sucio. Hacia escasos minutos que el recuerdo de sus muertes, la de Celia y la suya propia, le habían caído como un caldero de aceite hirviendo en el corazón y en la memoria. Y ahora, se sentía totalmente fuera de lugar sonriéndole y regalándole flores a aquella desconocida en aquel lugar sagrado, en aquel rincón del parque dónde él, muchos años atrás, había besado por primera vez a Celia. Tras un momento, su sonrisa se torció en un gesto doloroso e intentando ser lo más amable posible, se disculpó de aquella mujer que lo había consolado sin ningún tipo de preguntas ni interrogantes. Comenzó a llover de forma suave, mientras se marchaba, se giró por un momento para ver por última vez a aquella mujer. Las primeras gotas de lluvia y la oscuridad que comenzaba a enseñorearse del lugar, no le permitieron ver las lágrimas que corrían por sus mejillas. El se paró un instante, algo en su interior le decía que no debía marcharse, un sexto sentido le marcaba en esos momentos que su nuevo lugar en la vida era aquella mujer, pero no… él no debía estar allí, no se merecía estar allí, él no había pedido eso, él había decidido morir con Celia y nadie tenía el derecho de darle una segunda oportunidad. Lentamente, reemprendió su camino, y arrastrando los pies, se dirigió hacia la playa. Celia lo miró alejarse, su corazón y su mente hervían en esos momentos por motivos que no podía comprender. Cuando lo abrazó para consolarlo sintió por un momento que amaba a aquel hombre. Fue algo muy extraño para ella, su olor, sus gestos, su llanto… era como volver a abrazar a Alejandro de nuevo. Y se sorprendió cuando tras una primera sonrisa, a él le cambió completamente el rostro y se marchó, dejándola allí totalmente confusa en aquel banco. Aquel banco en el que había sentido sus labios por primera vez. Comenzó a llover, él desapareció bajo la oscuridad de la arboleda y ella, lloró y gritó todo lo que pudo lamentándose de lo que le estaba sucediendo. Decidió que no podía seguir así, que no quería esa segunda oportunidad que no había pedido. Se secó las lágrimas y con decisión, siguió los pasos de Alejandro hasta la playa. La suave lluvia se convirtió poco a poco en tormenta. Alejandro la miró sin decir nada cuando ella se sentó a su lado, justo al borde de las olas, que poco a poco comenzaban a comerse la playa. Los dos sabían que tenían motivos para estar allí, y ninguno quiso romper esa intimidad. Simplemente se acompañaron en ese momento, dos desconocidos con unas mismas necesidades. Celia se acurrucó junto a Alejandro, él pasó su brazo protector sobre sus hombros… Y el mar… decidió su destino de nuevo.
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– Recuerdos – (8ª parte)
-Estoy buscando a Celia… Ella se sorprende mucho ante esta inesperada situación, estudia con atención el rostro de ese hombre que pregunta por ella intentando recordarlo, pero desiste pronto porque sabe que nunca ha visto esa cara antes. Y ahora, de cara al mundo, debe de actuar de un modo consecuente con su nuevo cuerpo. Incluso por un momento, pasa por su mente que ese hombre forme parte del equipo médico y que tan solo este allí para evaluarla de un modo velado. -Lo siento, esta tienda ya no pertenece a Celia.- Le contesta con el rostro bajo. -¿Y sabe dónde puedo encontrarla? –Le pregunta él notablemente afectado. - Lo siento mucho… Celia… murió hace unos meses… -Le contesta mientras cierra la puerta, para que ese hombre no vea las lágrimas que comienzan a brotar de sus ojos. Esas duras palabras llegan a Fabián acompañadas de una imagen impactante. De repente recuerda ese último momento. El rostro de Celia sonriéndole con ternura mientras que las olas comienzan a hacer imposible el continuar respirando. Su cuerpo se estremece al revivir ese instante de nuevo. …………………. Fabián se da la vuelta y tristemente con las manos en sus bolsillos camina hacia ningún lugar concreto. Parecía que toda su esperanza de que la muerte de Celia fuera solo un mal sueño estaba derrotada. No sabe qué hacer, ni que sentir. El había decidido interrumpir su vida porque no podía concebir una vida si la mujer que le había hecho amar como nunca, la que lo amaba como nadie; el tomó esa decisión aquel día junto al mar cuando Celia decidió no ver mas como el cáncer ganaba la batalla y ahora sucedía lo contrarío, vivía de nuevo pero sin Celia, eso no era lo planeado. Se sienta en el banco de la plaza que le traía tantos recuerdos a esperar que pase el tiempo, que avancen las horas; descansa su energías y piensa que todo debe quedar en manos del destino, hace un esfuerzo para no pensar en su amor aunque sea tan solo un momento, pero baja la vista, ve las tablitas del banco y piensa en todos los besos que se habían colado por allí, recuerda las utopías y los millones de sueños que quedaron sin cumplir. Abraza sus rodillas y oculta su rostro entre las piernas, desahuciado comienza a llorar. Los farolitos de la plaza comenzaban a encenderse, las parejas de enamorados caminaban por los floreados senderos decorando el paisaje, y como Blanca otras personas también optan por regresar a pie luego de trabajar y así tomar aire fresco antes de llegar a casa. Blanca había pasado su día entero sin abrir el local y sin poder salir de allí, pero el anochecer le recordaba mas y mas la soledad, así que decidió despabilarse un poco y terminó en la plaza. Y como Fabián, también comenzó a ver recuerdos en aquel lugar, se sintió atraída al centro de la plaza donde una gran fuente derrama agua y depositaba miles de deseos en forma de monedas. Y fue ahí, frente a los angelitos que expulsaban agua, que notó un precioso banco en el que casualmente estaba el hombre que hacía un rato golpeaba la puerta de la bijouteríe. El lloraba de forma tan desconsolada que Blanca sintió que debía hacer algo y con sus suaves manos le tocó el hombro y acompañó el movimiento con un ¿por qué lloras? La pregunta fue respondida con un abrazo desmedido, aquella mujer que hace un rato le cerraba la puerta ahora le brindaba consuelo. Era una desconocida que se disponía a consolarlo, una perfecta extraña que curiosamente sentía conocer de toda la vida. Por prolongado tiempo se mantuvieron en una unión silenciosa, él quería contrale todo lo que le sucedía, explicarle la confusión de recuerdos, pero temió que ella no entendiese y lo tomara por loco, sabía que era un tanto insólita la tristeza que lo abordaba y prefirió callar evitando de todas formas la posibilidad de que Blanca se marchara. Blanca a su vez, lo miraba con ojos brillosos, aquel hombre vulnerable le atraía, pero ella tampoco podía olvidar sus preocupaciones y angustias entonces todo se mezclaba, tenía muchas ganas de hablar, de contarle que sentía tener recuerdos de otra mujer, pero él no estaba en condiciones de ayudar o de escuchar y por eso ella decidió callar, se mantuvo firmemente en el banco, pues lo que más quería en ese momento era a un amigo, no le gustaba estar sola. La noche comenzaba a disimular las lágrimas, y un niño se acercó vendiendo flores, miró a Fabián y mientras le mostraba un ramo le dijo: - ¿No le regalará una flor a esta bella mujer? No tuvo muchas opciones, le dio las monedas necesarias y le regaló un jazmín blanco que del ramo escogió; y allí surgió la primera sonrisa, primero sonrió Fabián por la picardía del niño y luego acompañó ella por la picardía del hombre. Ese minúsculo gesto mágicamente había borrado la tristeza y sin saberlo conscientemente tenían por primera vez luego de la operación, el primer buen recuerdo propio, el primero desde que llevaban esta peculiar conjunción de memorias propias y cuerpos ajenos.
RECUERDOS - (5º PARTE)Para leer el capítulo anterior, pinchar AQUÍ.
– Recuerdos – (5º parte)
Con cuatro o cinco llamadas telefónicas, se despacharon los trámites legales y en menos de una hora, los bisturís comenzaron con el trasvase de recuerdos. Las operaciones fueron largas y costosas, durante más de once horas los cirujanos seccionaron, cauterizaron, unieron y recompusieron cientos de venas y terminaciones nerviosas. Todo parecía haber salido bien, ahora solo cabía esperar unos días para comprobar los resultados. Tras las operaciones, Paul, que era el jefe del equipo médico, se sentó en su despacho para rellenar los informes médicos sobre las intervenciones y ahora, con más calma, releyó las fichas de los dos donantes y las circunstancias de sus muertes en el informe policial. El donante A, era una mujer de veintiséis años, el donante B, era un hombre a punto de cumplir los veintiocho. Al parecer los dos habían muerto ahogados al subir la marea, pero según los datos aportados, aquello no parecía accidental, más bien parecía un suicidio planeado por los dos. Nadie muere en una playa sorprendido por la marea y mucho menos, dos personas al mismo tiempo. Paul, mientras cerraba el informe, pensó que quizás habían cometido un grave error aquel día, y que probablemente, los recuerdos de dos personas que les habían llevado a terminar sus días de este modo, no fuesen los más adecuados para comenzar con dos nuevas vidas. Pero su egoísmo y su afán de reconocimiento en el mundo científico eran demasiado fuertes, y aquellos pequeños detalles sobre el pasado de los donantes quedarían silenciados para siempre. Con el pasar de los días, los durmientes cuerpos de Fabián y Blanca iban mostrando signos de respuesta favorables, parecía que los órganos ajenos a estos se adaptaban poco a poco, la etapa de más riesgo estaba superada. Blanca era observada con un poco mas de atención dado a que las lesiones del accidente no hacían de su estado físico el mejor. Fabián, sin embargo, evolucionaba rápidamente, su cuerpo estaba acostumbrado al castigo, y al ejercicio físico que tanto tiempo hizo en la cárcel. Ahora mientras todos esperaban el despertar, quedaban varias cosas que ajustar en cuanto a su vuelta a la vida, ellos no reconocerían nada anterior a la operación, por lo tanto el apoyo médico los debía preparar para salir nuevamente a la calle. Paul sabiendo cómo habían muerto los donantes, decidió participar en la etapa de rehabilitación, hizo hincapié en que Fabián y Blanca, no debían conocerse por nada del mundo, e inclusive, utilizar los medios disponibles en el hospital para asegurase que eso sucediera. La operación casi era un éxito, y Paul no quería correr riesgos. Fabián abrió los ojos por primera vez luego de dos meses, ni bien comenzó a sentir, su cuerpo se llenó de temblores, las pulsaciones transcurrían aceleradamente, reaccionó en una especie de shock a sus nuevos recuerdos, pero con apenas un calmante recuperaría el control. Le hicieron algunos estudios, algunas evaluaciones psicológicas, e inmediatamente llamaron a los medios. No les importó demasiado si era conveniente, querían asegurarse la primicia y figurar en todo el mundo; Paul tenia sed de fama. Pasarían unas semanas más hasta que despertase Blanca, pero en el caso de ella el alta no sería mediática. En silencio partiría del hospital a su casa, la misma casa de siempre, pero siendo una mujer nueva. Blanca siempre vivió sola y le dedicó mucho tiempo a su hogar, pero esta vez, cuando entró, tras pasar aquellas enormes puertas color rosa viejo, no reconocía nada como propio, igual sabiendo que aquello era suyo sonrió, le parecía bellísima la casa y al instante curioseo todo lo que había allí. Encontró en el dormitorio la puerta que la llevaría al vestidor, se probó la ropa, y por primera vez sintió algo extraño. -Esta no soy yo. Aseguró mientras se observaba en el espejo. Con los días se sentiría ajena a su vida constantemente, nada encajaba con ella, la novedad que había hecho de los primeros días una situación llevadera, comenzaba a esfumarse. La incomodidad de ser alguien que no era, la hacía llorar en cada rincón. Esta mujer era muy sensible, y buscaría la vida deseaba sin medir sus consecuencias. Caminó por la ciudad sin rumbo, luego de un rato vio una tienda de bijouterie donde un gran cartel de venta tapaba casi sin querer otro que decía: cerrado por duelo. Sintió gran atracción por ese local y acercándose a la vidriera, intentó mirar hacia el interior. Parecía una buena oportunidad para distraerse un poco de los pensamientos. Sacó un lápiz de su bolso y apuntó el número telefónico que se encontraba en el cartel. Ahora blanca pasaría varios días distraída y entusiasmada con su trabajo, todo parecía mejorar.
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RECUERDOS – (4ª parte)Para leer el capítulo anterior en el blog de Sinuhé, pinchar AQUÍ.
- Recuerdos – (4ª parte)
El equipo realmente estaba sorprendido, estos casos estaban generalmente en los libros universitarios y ahora aplicar conocimientos teóricos sin tener experiencia les generaba ansiedad; y por mas ansia que tuviesen todas las partes, solamente quedaba esperar unos días mas para evaluar el desarrollo. Ese mismo día su abogado se hizo presente, con la póliza de seguro en mano para comunicar que todos los gastos estaban cubiertos, que no escatimasen en ninguno y que hicieran lo mejor. Alberto, su abogado no era amigo, pero agradecía todo el trabajo que Blanca le había dado durante estos últimos veinticuatro años, el siempre fue su abogado de confianza y de igual manera le quería pagar. Pasaron algunas semanas, la memoria y la identidad no aparecían, la situación era irreversible y todo el poderío económico no es nada si no se tiene rasgos propios y recuerdos vividos. Así pues, en el hospital buscaban los medios para proponer la misma solución que aspiraba Fabián para sus problemas; el injerto de recuerdos nuevos. La comunidad médica se convulsionó completamente, y más allá de las técnicas, el debate transitó por el camino de lo moral y ético. El mundo puso sus ojos juzgadores en esta noticia, pero tarde o temprano, Paul lograría convencer a muchos y conseguir proyectar por fin su única ambición en la vida y por lo que había pasado algunos meses en la cárcel. Trasplantar el lóbulo frontal del cerebro. El problema ético se planteó al tratar esa zona del cerebro como un órgano más del cuerpo humano, y la iglesia, apoyada por numerosos grupos de índole purista, se abalanzaron ferozmente sobre los médicos y científicos que defendían este tipo de trasplantes. Al final, los jueces dieron la razón a los médicos, entendiendo por ley que los donantes de órganos, hasta aquel momento, no hacían ningún tipo de discriminación con respecto a los órganos que donaban altruistamente, a partir de aquel día, se modificó la ley y los nuevos donantes debían de especificar qué órganos estaban dispuestos a donar. A las pocas semanas, pasada ya la agitación mediática, apenas nadie fuera de los círculos científicos y médicos se acordaba del caso Fabián, que para bien o para mal, iba a ser el primer ser humano en recibir una porción del cerebro de otra persona, y con este, todos sus recuerdos. Tampoco nadie sabía que aquel mismo día, probablemente en un quirófano contiguo al de Fabián, Blanca correría la misma suerte. El equipo de cirujanos que iba a proceder con las operaciones, estaba formado por especialistas de todo el mundo, y por ese motivo habían decidido realizar la operación de Blanca unas horas antes que la de Fabián. De ese modo, si algo salía mal con Blanca, el equipo médico tendría cierta capacidad de rectificación con Fabián, porque el éxito en la operación de de éste sería el que trascendería mas tarde a los medios y a la posteridad. En cambio, la operación de Blanca se llevaría a cabo en total secretismo y si algo fallaba, nadie reclamaría las responsabilidades. Ahora solo le quedaba esperar a los donantes, al recibir los cuerpos en el hospital todos los procesos se debían efectuar con enorme celeridad, porque en poco tiempo, las células cerebrales morían de manera irreversible y por unos pocos minutos de demora, todo el proceso se podía echar a perder. Con los quirófanos y todo el equipo preparado para actuar en cualquier momento, Blanca y Fabián eran mantenidos en estado de semiinconsciencia, totalmente ajenos al nerviosismo que se respiraba a su alrededor. A los pocos días la espera llegó a su fin. Una llamada al hospital confirmaba que en ese preciso instante se dirigía hacia allí un helicóptero con dos donantes que encajaban a la perfección con los requisitos buscados. Los dos habían fallecido ahogados hacía unos pocos minutos y entre la excitación y el ajetreo que se produjo en esos momentos en el hospital, nadie se detuvo un segundo a pensar en las circunstancias que rodeaban aquellas muertes.
Continuará… RECUERDOS - (1ª parte)“Recuerdos” es un pequeño relato que he escrito en colaboración con mi amigo Sïnuhé, durante las próximos días lo iremos publicando por partes, (pues es un poco extenso), en nuestros blogs. Al final y al principio de cada parte podréis encontrar los enlaces a los capítulos posteriores o anteriores. Esperamos que os guste y que disfrutéis con su lectura, por lo menos tanto como nosotros disfrutamos con su escritura.
- RECUERDOS - (1ª parte)
Mientras caía una tarde lluviosa de abril, Blanca pasó horas enteras mirando por la ventana, no se interesaba por nada ese día y, luego de contar una a una cada gota que caía sobre el vidrio empañado, salió en busca de esa adrenalina que hace un tiempo había dejado en algún lugar. Sentada en el asiento de cuero de su Cadillac negro, hizo rugir el motor, despegó de su casa sin preocuparse en los excesos de velocidad, condujo sin rumbo cierto y sin nada en mente, solo concentrada en cada cambio que agregaba y con su taco firme apretaba el acelerador cada vez mas. Mientras que la velocidad apartaba el agua de la carretera, su rostro se empapaba de la misma, Blanca no tenía casi visibilidad, la lluvia era intensa y el automóvil avanzaba demasiado rápido como para reaccionar. Así fue, que en una pronunciada curva encontró el límite. El vehículo se fue de control, y pisar el freno no fue la mejor solución. Su Cadillac giró como remolino sobre la ruta, y siguiendo la gravedad cayó por el acantilado. Varías ruidosas vueltas, y luego un infinito silencio que acompañaría a la noche. Ella quedó allí, entre los fierros retorcidos; herida e inconsciente. La sangre tiñó toda su ropa de rojo, y mientras en sueños peleaba con la muerte, el tiempo jugaba en su contra, ya que nadie transitaba tal peligrosa carretera. Con el salir del sol, la lluvia se evaporó, tras más de diez horas del accidente aún seguía viva, aunque ella ni siquiera lo sabía y por el camino comenzaban a circular los primeros conductores prudentes y con ellos el primer vehículo que al observar las marcas en el asfalto se decidió a mirar. Impactado por la terrible escena, un joven que iba camino a su trabajo se apresuró a buscar ayuda, llamó de inmediato a pedir auxilio, y con rapidez bajó por el acantilado hacia el cuerpo destrozado de Blanca, sintió allí su débil pulso y algo de aliento. No la movió, solo comenzó a quitar los trozos de metales negros que la rodeaban, sentía que la vida de esa mujer dependía de lo que el pudiese hacer mientras llegaban los médicos. Las sirenas rompieron el silencio, los bomberos rescataron el cuerpo con ayuda de un helicóptero y de allí, viajó hacia el hospital, por un tiempo no iría hacia ningún otro lugar, pues en estado de coma había terminado su aventurera búsqueda de adrenalina. Blanca acostada en la cama de urgencias del hospital con una venda que rodeaba su rostro, esperaba una a una las decenas de cirugías que los médicos planificaban. Sola, sin más compañía que el molesto sonido que emitía el electrocardiograma, ese sonido que como segundero le secreteaba que aún se encontraba viva. Mientras que su envase físico se recuperaba, la espera de su despertar ponía ansiosos a los prestigiosos médicos que como conejillo de indias, la examinaban una y otra vez, tenían en mente las más innovadoras técnicas para esa mujer por la que nadie esperaba, por la que nadie exigía el parte médico.
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