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Amigo con sabor a chocolateAmigo con sabor a chocolate En una partecita del mundo, muy lejos de lo que conocemos, un pueblito muy chiquito donde vivían una cantidad de personas muy parecidas entre sí, porque eran todos altos, rubios y con unas bocas de color rojo; había una fiesta enorme, llena de caramelos y globos. Es que en ese lugar que no tenia nombre, era muy importante festejar el cumpleaños de Orquídea, una de las niñas más conocida de la comunidad. Ella estaba contenta porque recibía a todos sus amigos, todos le traían regalos y un divertido payaso hacía que fuese la mejor fiesta del año. Cuando lo amigos se fueron, la mamá y el papá que aún no le habían regalado nada, le preguntaron qué era lo que deseaba para su cumpleaños, y Orquídea les contesto a los gritos: -¡un barco!, para poder salir de nuestro pueblo y conocer más allá. Los padres le dijeron: - ¡tú estás loca, pequeña!, eso es imposible, además no sabemos qué cosas pasan por allá afuera, eso es imposible. - Pero, papá….! Tú me lo preguntaste, mami, mami, ¡díselo! ¡Convéncelo! Porfi… Y Orquídea insistió tanto que decidieron construirle un barco, y acompañarla en esa aventura. Cuando el barco estaba terminado colocaron todas las cosas necesarias para tal aventura, la ropa, mucha comida, agua, algún remedio, juguetes, libros y un montón de chucherías necesarias para tan largo viaje. Y cuando estaban prontos partieron, mientras todo el pueblo le tiraba besos desde la orilla de la playa. Viajaron y viajaron, el papa de Orquídea fue aprendiendo a ser un buen capitán, y Orquídea y su mamá excelentes marineras. Gigantes sorpresas fueron conociendo, peces de todos colores y tamaños, pájaros nuevos, y olas de todos tonos a medida que avanzaban. Orquídea saltaba de alegría, y no espero un segundo, corrió hacia los hermosos arboles, y miró todo copada. Corrió y corrió y de golpe quedó sorprendida, al encontrarse con tan raro niño, lo miro, y lo volvió a mirar, y no podía creer tanta rareza le preguntó: -¿tú eres de chocolate? El niño no entendió la pregunta y le dijo: ¿te refieres a mi nombre?, me llamo: Saidi, ¿Cómo te llamas tú? - yo me llamo Orquídea, pero… ¿tú de que estas hecho? ¿Por qué eres de chocolate? -Orquídea, que me estás diciendo…, no puedo creer, ¿de dónde vienes? ¿De la luna?, yo no soy de chocolate, tengo la piel diferente a la tuya, nada más. ¿Tú no sabes que todos somos diferentes? Y ella le dijo: - pero es que de donde vengo todos somos parecidos… - Aaaaahhh, ¡pero qué aburrido! Gritó Saidi, no puedo creer, ¿En serio todos son iguales?, pero eso no es posible, todas las personas somos diferentes, por dentro y por fuera, somos así porque la naturaleza nos fue dando dones diferentes de acuerdo al lugar en que vivimos; le dijo Saidi a Orquídea. Orquídea no entendía, trataba de entender eso pero le costaba mucho, porque en su pueblito, las personas eran felices siendo iguales, ya que pensaban que las diferencias traían problemas. Saidi que observó su cara y se dio cuenta de que no entendía le explico: -Mira Orquídea, por ejemplo: yo soy marrón, porque aquí en pueblo, hay mucho sol, y el calor quemaría nuestra piel si fuese tan blanca y fina como la tuya, y por eso tengo una piel más fuerte, es simple, pero también soy diferente a ti en mis costumbres; porque con el calor somos tan felices que cantamos y bailamos todas las noches festejando que lo tenemos, y lo mismo hacemos con la lluvia ¿sabías eso? -No Saidi, yo no sabía nada de eso, pero tú me puedes mostrar como vives, me gustaría conocer cosas diferentes, ¿me llevas? Y Saidi la tomó de la mano, y le mostró todo lo que era parte de su vida, le enseño un montón de cosas de su tierra. Orquídea estaba tan entusiasmada aprendiendo, que no se dio cuenta que era tardísimo, y que seguramente sus padres estuvieran preocupados. Así que no le quedó más opciones que despedirse de Saidi, y correr hacía la orilla en busca de sus padres. Corrió y llego agitada, el papá le dijo: -¡qué suerte que estas bien, cariño!, ¿Dónde estabas?, ¿Por qué tienes esa sonrisa?... A lo que Orquídea contestó: ¡papá es que me pasó algo increíble!, conocí a un niño, ¡a un niño diferente! -¿Cómo que diferente?, le dijo el papá. - si papi, era diferente, porque era un niño dulce como el chocolate. Cuando llegaron, todos corrieron hacia la playa para recibirlos y ayudar a bajar las cosas, y entre el barullo Orquídea hizo una pregunta, y todos callaron: ¿por qué nuestro pueblo no tiene nombre?, y un señor le dijo: es que nunca se nos ocurrió uno, y por eso no le pusimos. Y la niña que después de su aventura había aprendido muchas cosas, grito: ¿y si le ponemos diversidad? Y así termina el cuento de la historia de unas personas que vivían en un pueblo que no tenía, nombre pero que ahora tiene nombre, porque Orquídea les contó de las diferencias y lo lindo que era conocer a otros y respetarlos por lo que son y no por como lucen.
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