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Mi profundo sueñoMi profundo sueño El fuego de la hoguera calentaba mi cuerpo, lo contemplé dejándome agarrar por su magia, me asombraban las llamas con sus tonos rojizos y destellos tornasolados, en determinado momento el calor me atrapó y me dormí. Caí en un profundo sueño. Al abrir los ojos miré mis nuevas manos, que se encontraban arrugadas y simpáticamente manchadas, recorrí con la vista todo lo que me rodeaba buscando desesperadamente un espejo. Caminé unos pasos hasta la habitación contigua, y allí junto a la puerta se encontraba un enorme espejo con marco dorado. Con un poco de temor me acerqué y me vi, ahora mi cuerpo reflejaba en el vidrio a una mujer de unos setenta años y con unas cuantas vivencias encima, todas muy cercas, pegaditas a la piel. Con tanta emoción y curiosidad me agoté y decidí reposar unos momentos, así que me recosté sobre una cama, mi nueva cama, y dormí algunas horas. Al despertar decidí no perder tiempo en resolver el misterio de mi sueño y disfrutar de mi nueva vida. Recorrí de punta a punta la casa, memoricé cada rincón, me fasciné absolutamente con todo lo que se encontraba allí, pues decididamente todo me gustaba. Cuando menos lo esperaba me recorrió por la espalda una sensación muy similar a la preocupación, por mi mente surgieron miles de nombres que yo simplemente desconocía. Y en voz alta dije: - ¡mis nietos!, los llamaré antes de que se preocupen. Sinceramente no sabía lo que estaba haciendo, pero mi dedo marcó cuatro números telefónicos, mi boca pronunció varios nombres adornados de bellas palabras y cuando corté, mi latente corazón rompió en un llanto lleno de emoción, ahora solo debía esperar que llegase mi familia. Estaba tan ansiosa, me preguntaba cómo serían físicamente, pero además de la ansiedad me rodeaba un enorme orgullo. Esa mujer, a la que me había traslado en sueño, había disfrutado de su vida, y por lo visto había hecho las cosas medianamente bien, porque solo estar en ese cuerpo me brindaba una satisfacción profunda. Por eso fue, otra vez, como cuando me dormí en la estufa, que me dejé llevar. Recuerdo perfectamente el momento en que llegaron, yo estaba en la cocina preparando una cantidad de postres con mucha experiencia, aquellos pequeños, y sus padres entraron corriendo y me abrazaron. – ¡Abuela! ¡Qué alegría verte! Y me llenaron los brazos con miles de regalitos. Esa visita se devoró todo el día, y como postre final les conté varias historias de mis vivencias en el pasado. El empecinado reloj marcó el fin de la reunión, y yo ahora sola en casa, tomé mi diario y comencé a escribir todo lo que había sucedido en la jornada. Supongo que fue la soledad de la noche que me tentó a mirar las hojas anteriores, necesité leer el pasado de esa mujer que ahora era mío y que me confundía. Lo que me sucedió fue muy impactante, pues mientras que mi presente me gustaba, me encontraba con un pasado, leí cada página con atención, y poco a poco me di cuenta que lo que leía era mi propio pasado. Mi extraño viaje al cuerpo de otra mujer, resultó ser al final, mi propio viaje; era yo en el futuro. Al darme cuenta, todo se volvió borroso y desperté nuevamente junto al calor del fuego. Hoy reconozco que quizás no supe aprovechar esa oportunidad demasiado bien, que podría haber averiguado mas de mi, de los míos, de lo que sucedería. Pero, ¿saben qué? Lo que conocí fue suficiente, porque en aquella mujer de setenta años, no encontré ni un solo arrepentimiento, encontré a alguien que llevó su vida tal como la soñó y que aunque hubiesen pasado muchos años, aún se podía mirar orgullosa al espejo.
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