| Profilo di ManuelaManuela FleitasFotoBlogElenchi | Guida |
EL BOSQUE CHARLOTTE - CAPITULO 3El desgarro que sintieron al verla muerta comenzó a aumentar al comprobarlo efectivamente, Julia estaba completamente desnuda y llena de violáceas marcas, su cara expresaba sufrimiento y horror, la sangre se diluía entre el caudal del río haciendo del escenario algo escalofriante y nauseabundo. No había forma de entender lo que sucedía, de ninguna manera había forma. Sus amigos necesitaban sacarla de aquel espantoso lugar, la cubrieron con sus propias prendas y la llevaron a la cabaña; el Bosque Charlotte no era un lugar seguro, y aunque el dolor paralizaba estaban convencidos que tenían que huir de allí. Decidieron preparar el cadáver de Julia para el viaje a caballo, pero los caballos ya no estaban, las cuerdas que los amarraron durante la semana aparecieron sobre el suelo cortadas en mil pedazos. Martina comenzó a desesperarse, rompió en llanto sin que nadie la pudiera frenar, Bruno se sentía muy mareado y quizás por la muerte, el miedo y el golpe no podía dejar de vomitar. Mauro, gritaba un tanto agresivo. Javier no paraba de murmurar: –Estamos acorralados, estamos acorralados– Dominados por el temor tomaron las llaves y giraron las cerraduras de las antiquísimas puertas y ventanas hasta dejarlas del todo selladas, la imagen de la madera apolillada y el hierro forjado de las rejas coloniales daban un aspecto oscuro y a prisión, mientras que el cadáver de Julia se encontraba destrozado sobre la cama. Las velas se extinguían junto a los ánimos y esperanzas de salir vivos de allí. Afuera se escuchaban sonidos extraños, y ninguno se atrevía a mirar. Pasaron la noche limpiando el cuerpo de Julia. Martina la peinó y Javier le contó cuentos bellos para que marchase en paz. Estaban todos a centímetros de distancia, con un inmenso dolor, despidiéndose de la pequeña consentida del grupo. Esa noche nadie durmió, pero entre alucinaciones de sueño lograron conectarse con las experiencias vividas por Julia en sus últimos momentos, y aunque todos vieron lo mismo, nadie pronunció en voz alta nada sobre el inmenso dolor y lo horrible que vivió. A la mañana siguiente cuando iban a salir a pie, las llaves no estaban. El olor era insoportable; intentaron de mil maneras romper la vieja madera de las paredes, pero no había forma. Bruno decía que no veía nítidamente y se sentía muy mal. Javier y Mauro estaban invadidos por la angustia y ya no podían pensar en nada. El hacha había quedado fuera de la cabaña, y Martina con un cuchillo desafilado y viejo intentaba raspar la madera, desesperada quería salir de allí, arañaba las paredes, las golpeaba y gritaba. Luego de mil intentos desistió y comenzó a tapar el cuerpo muerto de Julia con la sal que se hallaba en los sacos de los cazadores, de manera tal de evitar que siguiera creciendo el hedor. Martina se sentía culpable, nada de esto hubiese sucedido si no hubiese sido porque insistió en reencontrarse, la muerte de su amiga le pesaba en la conciencia, ya nada sería igual por su culpa. Estaban los cinco juntos, pero muy lejos de la felicidad; vivían una situación límite nunca imaginada, estaban allí encerrados y con miedo, sin ningún tipo de comunicación con el exterior. Se encontraban lejos de lo que significaba vivir, solo intentaban continuamente sobrevivir.
Commenti (21)Per aggiungere un commento, accedi con il tuo Windows Live ID (se utilizzi Hotmail, Messenger o Xbox LIVE possiedi già un Windows Live ID). Accedi Non hai ancora un Windows Live ID? Registrati
RiferimentiL'URL di riferimento per questo intervento è: http://fleitas.spaces.live.com/blog/cns!FA2DC9E126B1AE29!9372.trak Blog che fanno riferimento a questo intervento
|
|
|