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EL BOSQUE CHARLOTTE - CAPITULO 4Permanecieron en aislamiento dentro de la cabaña por dos semanas mas, con el pasar de los días intentaban no desesperarse y actuar con la cabeza en frio, las cerraduras continuaban selladas y las llaves pese a que las buscaron todo el tiempo, no aparecieron en ningún lugar. El cuerpo de Julia estaba descomponiéndose y la sal no lograba conservarlo mas, así que pensaban entre cada llanto en cómo solucionar el tema del cadáver que ya no solo era un problema psicológico. En la cabaña contaban con una antigua heladera General Electric que funcionaba con un motor de kerosene, era pequeña y no la estaban usando, ya que por mas que intentaban racionalizar los alimentos estos eran muy escasos; así pues tomaron la decisión de colocarla dentro del aparato, pero su cuerpo era mas grande, además de encontrarse demasiado tieso para maniobrarlo. No había otra solución que trozarla, y para ello no había ningún voluntario. Luego de debatir el tema intensamente, sabían que no se trataba solamente de algo moral, religioso, sino simple sobrevivencia, su amiga se descomponía y las condiciones de salud de cada uno eran delicadas, aunque en el caso de Bruno ya era un tanto extrema. Entre Javier y Mauro tiraron una moneda que echaría a la suerte quien lo haría; Mauro sería el desafortunado que con utensilios arruinados destrozaría a su amiga para contrariamente conservarla. Encerrado en el baño Mauro debía hacer algo que jamás había imaginado en su vida, lo mas terrible desde su existencia; cortar a su amiga muerta. La había colocado dentro de la bañera, miraba el escenario, la situación y de ninguna manera podía hacerlo, las nauseas hacían que cada tanto el tuviese que salir del cuarto de baño, a lo que los demás le preguntaban si ya había terminado. Mauro lloraba, se golpeaba la cabeza contra los azulejos, pensaba que lo mejor era terminar con eso de una vez, se convencía a sí mismo de que era por ella, que no era un asesino, que no tenía mas remedio que ser valiente y evitarle la situación a los demás, le dio mil vueltas al asunto para terminar sintiendo que lo haría por el resto, prendió un cigarro y con el cuchillo en la mano comenzó. Afuera del cuarto de baño la espera era tensa; no querían preguntar si se encontraba bien ya que sabían cuál era la respuesta, tramaban entre cuchicheos que decirle luego de que saliera, pensaban en cómo actuar, intentaban mantenerse fuertes, pero por momentos los llantos ganaban. Bruno deliraba en fiebre, su mal estado de salud lo colocaba en una situación un tanto alejada de lo que sucedía allí, ya hacía un par de días que las alucinaciones cobraban vida propia y comenzaba a decir frases macabras, anunciando reiteradamente la muerte de todos hasta llegar al punto de tornarse violento. Parecía otra persona y en su locura febril le había gritado durante las largas horas que Mauro estaba en el baño, cosas espantosas; entre las muchas lo llamaba torturador, psicópata, asesino… fue tan exagerado el estado de provocado por la fiebre, que lo amordazaron para que en el baño Mauro pudiera continuar. A las dos de la madrugada el silencio del bosque se interrumpió, desde el cuarto de baño, se escuchaban llantos desgarradores, Martina no soportó mas y sin pensar abrió la puerta. Aquello no tenía comparación con nada conocido, el pequeño lugar era una carnicería; Mauro se encontraba completamente cubierto por los pocos fluidos que expulsaba el cuerpo de Julia, estaba en el piso, abrazado a una parte de su amiga muerta, ya había hecho lo que debía hacer, ahora no tenía vuelta hacia atrás en el tiempo, se sentía tan arrepentido y a su vez tan familiarizado con la muerte que por primera vez no le temía. Martina en milésimas de segundos vio todo eso, fue fuerte y llamó a Javier, este lo tomó por debajo de los brazos y lo saco de allí. Todo había cambiado tanto en tan poco tiempo, ahora hacían cosas impensables, inimaginables, a tal punto que fue Martina la que con bolsas plásticas envolvió a Julia y la colocó en el refrigerador sin siquiera pestañear, fue la misma que luego limpió el baño con un pequeño paño y un poco del agua que les quedaba en ese calvario intentando quitar cualquier marca de lo que allí había sucedido. El Bosque Charlotte tenía vida propia, no cesaba de llover, y la vegetación se convertía en selvática. La cabaña estaba rodeada de enredaderas, cada vez mas atrapada y devorada por la naturaleza que ya casi no se podía diferenciar entre las plantas. La humedad densa invadía el aire y consumía el poco oxígeno. El agua con sabor a hongos amargos que se colaba por el agujereado techo de chapa era acumulada en recipientes, siendo la única conexión con el exterior, siendo la única posibilidad de vida. Commenti (15)Per aggiungere un commento, accedi con il tuo Windows Live ID (se utilizzi Hotmail, Messenger o Xbox LIVE possiedi già un Windows Live ID). Accedi Non hai ancora un Windows Live ID? Registrati
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